Nuestra mente, principalmente su ‘apartado sexual’, suele ser inexplicable. El subconsciente o la plena lucidez nos regalan escenas, personajes y situaciones que traducimos a fantasías, un mundo que nos revela deseos y conflictos, incluso llegando a perturbarnos. Nos preguntamos si nosotros las creamos, si son nuestras y las poseemos, o ellas nos poseen. De acuerdo a la Asociación Mexicana para la Salud Sexual,  “las fantasías sexuales son la representación mental de un objeto sexual o una práctica sexual que excita a una persona y pueden llegar a ser un poderoso motivador de deseo sexual, son parte integral del desarrollo y la vida sexual humana”. Todos hemos experimentado ese ensoñar ya sea conciente o mientras dormimos. No es sólo sano, sino necesario.

Diversos terapeutas sexuales, por ejemplo, solicitan a sus pacientes acudir a películas o cuentos eróticos que fomenten sus fantasías. Porque de hecho, cuando una persona sufre de algún trastorno como deseo sexual hipoactivo (disminución o ausencia de deseo sexual) las fantasías se convierten no sólo en herramientas sino en indicadores. Fantasear es una capacidad, algunos son más proclives que otros de evocar imágenes e incluso manipularlas. Histórica y culturalmente, las mujeres reportamos un mayor bloqueo de fantasías sexuales, no porque estemos impedidas por razones biológicas sino porque nos mantenemos más alejadas de nuestro experimentar sexual. Sin embargo, cada vez nos damos mayor permiso y reconocemos su riqueza y disfrute.

Los elementos que las conforman pudieran ser la primera incógnita. Con seguridad alguna vez se han descubierto fantaseando con alguna persona o actividad que consideran prohibida, que nunca se atreverían a ejecutar en la realidad. La fantasía femenina más recurrente es la de ser abusada sexualmente. Sí, como lo leen. Parecería ilógico, ¿quién quisiera vivir una experiencia tan traumática? Lo cierto es que el simbolismo del acto es lo que suele excitar: ese dominio, la incapacidad para detener los deseos de otro, el verse allanada por la fuerza. La clara diferencia con la realidad es la seducción, que en un acto de abuso sexual es imposible.

Por otro lado, de acuerdo a un estudio realizado por el Instituto Mexicano de Sexología, la fantasía que reportan más mujeres es la de tener sexo o un encuentro erótico con un desconocido mientras que la de los hombres consiste en tener relaciones simultáneas con dos o más personas. Sin embargo, parece ser distinto de acuerdo a la cultura e idiosincrasia ya que un estudio similar realizado por The Sex Information and Education Council of Canada reportó que en este país la fantasía número uno en mujeres es la de tener sexo en un lugar público y en los varones, la de tener sexo con una mujer uniformada. Del mismo modo, otro informe hecho por The Society for the Scientific Study of Sexuality, comenta que en Japón se encontró que ellas fantasean en mayor medida con ser dominadas o amarradas; ellos con mujeres de aspecto infantil o adolescentes (sólo hay que ver el hentai  o porno animado japonés cuyos personajes son prácticamente niñas con enormes senos).

¿Cuál es la suya? ¿Cuál es la más ‘loca’ que han tenido?

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