El filósofo español Jaime Balmes aseveró que la ética es la ciencia que tiene por objeto la naturaleza y el origen de la moralidad. Qué es moral y qué es amoral encierra profusas ambigüedades. Por obviedad atañe a nuestro sentido del bien y del mal pero finalmente, ¿no es algo que hemos aprendido socialmente? Incluso, bajo la religión en la que fuimos ‘inscritos’. En el ámbito de la sexualidad, encontrar la ética en la maraña donde conviven nuestras fantasías, actos, educación y tabúes, resulta complejo. Hay quienes encuentran poco ético el uso de anticonceptivos y quienes consideran morales a los zoofílicos, pues sostienen que tomar animales como objeto de placer no daña a nadie (es legal en algunos países).

La etimología de ética proviene del griego ethos que significa ‘costumbre’, así todo concepto de moralidad proviene de nuestros usos y hasta tradiciones. Para un egipcio islámico es ética la ablación del clítoris de una niña, nosotros lo vemos como una atrocidad, ¿quién es ético en este caso? Diremos que nosotros, puesto que allanan los derechos y mutilan a un ser humano; pero el egipcio dirá que lo hace por su bien espiritual y marital. Lo cierto es que nuestra plenitud sexual requiere de un sentimiento de ética; de estar en lo correcto. En caso opuesto, nos encontraremos con ‘Doña Culpa’, primera causa de insatisfacción y de disfunciones sexuales emocionales. De acuerdo con Lourdes Quintanilla, consultora en sexualidad y salud reproductiva, “la ética sexual se fundamenta en el respeto por la vida, la salud, busca la promoción del bien individual y social y el ejercicio de la libertad responsable”. Concepto cierto pero de nuevo confuso. Habrá quien diga: ‘¿Cómo afecta a la sociedad que yo haga un trío? Uso protección, soy responsable del acto y ejerzo mi libertad’. Y muchos le responderán (y con susto), ‘simplemente es inmoral’, sosteniendo que se considera una práctica donde la exclusividad de pareja evaluada como ‘buena’ socialmente, se rompe.

Por ende tenemos que buscar una ética sexual personal, escudriñando al verdadero yo. María Eugenia Barrios, especialista en desarrollo humano, plantea recomendaciones para construirla. Dice que “existen muchas formas de vivir la sexualidad: masturbación, continencia, coito, juegos eróticos”. La ética de éstas debe optar por el crecimiento personal. Es aconsejable tomar en cuenta que las prácticas:

• Integren tanto el bien personal como el común, en términos de salud, amor y emociones. La salud integra anticoncepción, uso de preservativo y conocer el estado diagnosticado de la salud. En términos emocionales, es antiético por ejemplo, chantajear o condicionar el sexo a cambio de valores económicos, amor, compañía, entre otros.

• No provoquen experiencias destructivas para sí mismo o para la pareja. Incluye violencia, embarazos no deseados, infidelidades, presión psicológica ante prácticas que pueden lastimar u ofender, fomento del uso de enervantes para el sexo, entre otras.

• Permitan la confidencialidad e intimidad como derecho. (Lean boquiflojos).

• Nunca sean utilizadas otras personas como objetos de placer ni denigre la autoestima. Y siempre se cuente con su consentimiento tácito o explícito de manera clara.

• Jamás se integre a una actividad sexual a una persona vulnerable: a un menor de edad o infante, una persona con discapacidad mental, o bajo efectos de drogas o alcohol, inconciente o en coma, así como personas muertas, o animales.

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