Como ya hemos platicado antes, las infecciones vaginales son desequilibrios en la flora vaginal, donde hay bacterias buenas y bondadosas que nos protegen. Cuando un microorganismo ya sea un hongo, protozoario o bacterias malas que fomentan la proliferación de las buenas o las atacan, vienen esos malestares horrípidos: comezón, escozor, flujo amarillento y apestoso, hinchazón en la vulva, etc. Del mismo modo, puede haber afección a las vías urinarias, se siente irritación en la abertura uretral y ardor al hacer pipí.

En ocasiones en esos momentos divinos post coito sentimos que comienzan a presentarse. En muchas ocasiones no es que el tipo ‘te haya pegado algo’, simplemente la flora vaginal ya estaba un poco desequilibrada y la relación sexual vino a darle potencial para terminar de desbalancearse, por eso, hay que evitar ciertos hábitos. Por ejemplo:

Cambiar la  posición sexual cuando ya llevan un rato en la misma y el coito se ha hecho algo largo. Quedarse en la misma postura por mucho tiempo, provoca fricción en la uretra, haciendo más susceptible a la zona de rozaduras que promuevan la infección. Además de que le quitan algo de monotonía, evitarán otras consecuencias.

Condón sin espermicida: Los que tienen dicha sustancia, aumentan los riesgos de infección ya que la flora reduce su posibilidad de defenderse cuando recibe una dosis de ésta.

Ir al baño al poco tiempo: Una vez terminado el coito (y siempre y cuando haya un baño cerca) vacíen su vejiga. Esperar mucho tiempo para hacer pipí le da más oportunidad a las bacterias para que se propaguen dentro de las vías urinarias.

Higiene menstrual: Si son de las que optan por el sexo en esos ‘bloodie days’, cambien constantemente la toalla o tampón, evitando que ahí se haga un cultivo (nunca falta la que se deja la misma toalla por más de cinco horas). Así, cuando llegue el momento del agarrón, no habrá tantos microorganismos ahí dando lata.

Ahi les encargo sus bellos genitales.

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