‘¡Eres una exhibicionista!’, solía decirme mi madre cuando en mis tiempos preparatorianos salía a la calle con minifaldas que de milagro me tapaban el trasero. El hecho de que una persona quiera lucir sus carnes bajo diminutas prendas o escotes profundos nada tiene que ver con la parafilia. Es un simple gusto por mostrar lo que te gusta de ti, claro sin llegar a lo burdo, onda pezonera de Niurka para un evento de gala. Y jamás aceptaré esos preceptos de la iglesia y algunos mochos que afirman que aquella mujer que se vista escotada o con falda corta no puede quejarse si es violada o molestada. Mierda absoluta.

En fin, el exhibicionismo suele tildarse socialmente como perversión. Cuando tal término ya ni existe. Nunca falta el tipo que se para fuera de escuelas o paradas de autobús y muestra sus genitales erectos o no erectos y la gente lo adjetiva como pervertido. En realidad sufre un padecimiento: exhibicionismo.

De acuerdo al DSM IV, mismo que hemos citado miles de veces en este blog por lo que su-pon-go que ya saben que es el manual de transtornos mentales usado en todo el mundo, el exhibicionismo consiste en una tendencia persistente o recurrente a exponer los órganos genitales a extraños (normalmente del sexo opuesto) o a gente en lugares públicos, sin incitarlos o intentar un contacto más íntimo. Normalmente, aunque no siempre, suele haber una excitación sexual durante el período de la exposición y el acto suele terminar en una masturbación. Esta tendencia puede dar lugar a un comportamiento que se manifiesta sólo en períodos de crisis o de tensiones emocionales, separados por otros períodos en los cuales está ausente el comportamiento exhibicionista. Se limita prácticamente a varones heterosexuales, que se exhiben a mujeres adultas o adolescentes, normalmente confrontándolas, desde una distancia de seguridad, en lugares públicos. Para algunos el exhibicionismo es su única descarga sexual, pero otros simultanean este comportamiento con una vida sexual activa, con relaciones de larga duración, a pesar de que sus impulsos exhibicionistas pueden ejercer una mayor presión en momentos de conflicto en sus relaciones. La mayoría de los exhibicionistas encuentran que sus impulsos son difíciles de controlar y son vivenciados como propios. Si el testigo se sorprende, asusta o impresiona, suele aumentar la excitación del exhibicionista.

No hace mucho tuve un caso de un chavo que encontraba demasiado excitante ponerse un traje de baño blanco en las albercas y su búsqueda era clara, que se notara debajo de la tela mojada su pene y testículos. El que la gente lo observara e incluso se burlara de él le parecía delicioso. Evidentemente había un trastorno y heridas emocionales que atender.Pero es importante no confundirlo con el gusto por mostrarse desnudo ante la pareja o alguien a quien se desea atraer. Esto es normal, totalmente animal, muchos mamíferos se acicalan y muestran sus genitales en tiempos de procreación, en la calenturienta primavera.

Pero nadie negará que es incomodísimo como expectador del parafílico, sobre todo cuando dicha práctica se combina con la necesidad de mostrarse en plena práctica del autoerotismo. Nunca olvidaré cómo me enteré de que los seres humanos integramos la masturbación a nuestra vida, fue de un modo grotesco. Como a los once años caminando por las bellas calles de Satélite un tipo me detuvo para preguntarme una calle y claro, su fin era que yo lo viera mientras se masturbaba en su auto. Creepy. Lo extraño es que observarlo aunque sea entre obligada y por accidente me dejó una especie de culpa. Yo no podía contarle a nadie lo que había visto. Ahora me da risa pero a esa edad fue un espectáculo espeluznante. Pero, por ejemplo, el hecho de querer ser visto masturbándose por la pareja nada tiene que ver con una parafilia, es igualmente una práctica. Claro, siempre y cuando no se dependa de ello para la excitación. Porque también hay quien no puede lograr una respuesta sexual u orgásmica si su pareja o persona en turno no lo pbserva autoerotizarse. Hay delgadas líneas pero en nuestra conciencia son muy claras. Sabemos cuando algo sólo es una herramienta ocasional para salpimentar una relación y cuando ya hay dependencia.

Miren que la cosa no es lo mismo pero ¿alguna vez han detectado en ustedes una sensación de querer ser descubiertos desnudos o mostrando sus partes ‘nobles; o incluso han encontrado excitante el observar o ser observados durante el autoerotismo?

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