Dos pares de manos, dos cuerpos completitos y dos mentes al servicio de nuestro placer. Suena excitante. Sí, sólo que hay que analizar todos los tintes que puede tomar.

Lo hermoso y maravilloso del mundo de ‘Fantasía erótica’ (como el de la Historia sin Fin de Ende pero con hermosas criaturas desnudas y excitada) es precisamente que es infinito y ahí cabe lo que a cada cerebro se le de la gana. Y ahí pueden quedarse los más idílicos sueños triple x. La cosa es cuando ya decidimos instalar en la realidad cierta ensoñación. Una de las más comunes es hacerle saber a la pareja que queremos un tercer invitado o invitada a la cama. ¡Zaz! Humano, muy humano y comprensible preguntar ‘¿por qué?’. Y inevitable, sórdidamente inevitable, preguntarse ‘¿qué le hace falta que no le doy?’. Ambos cuestionamientos válidos. Pero ya que comenzamos a digerir, podemos poner los puntos sobre la mesa.

El que a una mujer le atraiga la idea de ser estimulada por dos hombres, no implica que tú como su pareja le resultes poco o que no la satisfaces. La idea de ser parte de un ‘sandwich’ por lo regular es regalada de imágenes en películas, de la propia imaginación que nos hace creer que el estar con dos, duplicará el placer, lo cual no siempre es cierto. Lo mismo cuando un hombre desea a dos chavas en su colchón, pero a esto se le adiciona, la cuestión cultural que le da una mayor sensación de virilidad al poder con dos vaginas y a ambas darles placer.

Ahora, dicho por sexólogos y demás especialistas en terapia de pareja, los tríos por sí mismos no son ‘malos’. El punto, creo yo, es que no estamos ideológicamente listos para ellos. Y eso no es negativo, quizás nos fomente un poco más de lealtad a nivel de pareja. Aunque claro, siempre hay dobles morales, ya que hay quienes la lealtad la tienen a un nivel menor de su dedo meñique del pie, porque son infieles y se andan revolcando con quien sea a espaldas de su pareja. El punto de los tríos es que sí requieren de una edad mental y emocional suficiente. Evidentemente, un adolescente no estará listo para enfrentarse con todas las vicisitudes emocionales que le puede traer hacer un trío. Ni tampoco un par de chamacos adolescentes tienen una madurez de pareja necesaria para atravesar por el proceso si este presentan bemoles.

Ya como pareja de adultos, los problemas surgen cuando ambas partes no estaban tan de acuerdo, porque una quiso complacer a la otra o se sintió obligada, es decir, si no responde a un deseo personal pueden. En sí mismos, los tríos no son un problema ni generan daño, lo que puede afectar, es formar parte de un trío sin quererlo ser, si no lo elegiste. Y evidentemente, no es una práctica que todos podamos confrontar o darnos bienestar. La educación puede generarnos culpa. Todos debemos acudir a nuestra propia ideología para decidir. Y si algo por pequeñito que parezca, nos hace ruido, lo mejor es evitarlo.

Hay cosas que es mejor dejarlas en fantasía. Hay mucho que hablar de los tríos, sobre todo haciendo alusión al inevitable contacto con gente del mismo sexo que una de las partes tendrá, y mucho más. Pero ahora tengo que salir volada a una cita. No tardo.

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