Mediante las fantasías podemos ampliar nuestro imaginario y liberarnos. Sin embargo, confesarlas o hacerlas de conocimiento de nuestra pareja es otro asunto. Narrarse de manera mutua las fantasías fomenta un canal de comunicación erótico muy efectivo. Cumplirlas, un placer y un regalo para el otro. Incluso, como parte de un gran ejercicio sexual pueden recurrir a relatarse las fantasías más candentes que hayan tenido. Jugar a llevarlas a cabo quizás en la ficción. Por ejemplo, hay parejas que han fantaseado con hacer un trío. A sabiendas de que no se atreverían a buscar a un tercero ni desean romper con la puerta de su intimidad, pueden mediante un acto imaginario llevarla a cabo mientras tienen contacto sexual. Ese ingrediente extra puede generar una dinámica distinta y muy excitante. Pero, ¿hasta dónde una fantasía puede dañar nuestra vida de pareja?

Participarlas puede convertirse en una ‘tarea’ compleja. Se requiere de una enorme mesura y un sondeo basado en la convivencia diaria. En un análisis de los límites y los valores  y hasta ideología. Hay una delgada línea entre satisfacer los oídos del otro en esa exploración de la mente ajena como un ejercicio de complicidad para ‘calentar’ una situación sexual y generar conflicto.

La verdad no siempre nos hará libres. De repente debemos ser menos ‘abiertas’. No sea que en ese andar de las fantasías regaladas terminemos por lastimar susceptibilidades.

No obstante, por ejemplo, en una serie de entrevistas que hice a parejas swinger, detecté como común denominador que se habían unido a dicha práctica por primera vez porque juntos habían fantaseado con ello, una de las partes la confesó a la otra e hizo clic con la imagen. Pudieran generar también un lazo importante, muchos lo dejarán en la fantasía pero algunos se lo llevaron a la realidad y diversificaron su relación. Cada quién.
Las fantasías pueden generar grandes beneficios
1.    Te liberan del estrés. Cuando focalizamos hacia situaciones placenteras en medio del caos de nuestro día, podemos encontrar gran alivio. Un estudio con neuroimágenes de los científicos Anna Abraham e Yves von Cramon, del Instituto Max Planck de Alemania reveló que la mera exposición a contextos en los que se implican entidades ficticias y positivas, propicia la activación de determinadas regiones del cerebro, concretamente, la corteza prefrontal media y la corteza cingulada posterior. Cuando sucede, nos relajamos y sentimos bienestar.

2.    La creatividad emana de la fantasía. El permitirte esta actividad puede coadyuvar hasta en tu trabajo. Tu cerebro estará más en contacto con tu capacidad de crear.

3.    Fomenta tu erotización y deseo. Cuando te sientas bajo cero, acude a la fantasía. Trasládate a un sitio paradisiaco e imagina cómo deseas ser estimulada. Si lo crees prudente, compártelo y llévalo a la práctica.

4.    Te conectan con tu cuerpo. No sólo en actividades autoeróticas. El tener esas imágenes sensuales cuando estás por ejemplo relajada dándote un baño puede ayudarte a reconocer sensaciones que no te permites en plena lucidez.

¿Comparten sus fantasías en pareja? ¿Alguna vez se han metido en problemas por contar una?

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