Este mismo día pero de 1990 la homosexualidad fue descartada de la lista de trastornos y enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Se comprendió al fin de muchos siglos de terrible opresión, abusos y masacres que la homosexualidad es una orientación sexual, tan válida como lo es la heterosexualidad. Vaya, muchos siguen sin comprenderlo pero hay que seguir en la lucha.

En el marco de este día deberíamos analizarnos, ¿qué tanto fomentamos la homofobia en nuestra casa, nuestros amigos y profesión -hasta con simples comentarios? Del mismo modo, cuántos gays fomentan también la homofobia, al caer en conductas que al realizarlas cualquiera, fuera o no gay, alteraran la imagen y la comprensión social de la orientación.

Ya pasaron 20 años desde que la OMS da este dictamen, mucho antes del DSM IV lo retiró de su lista y aún hay tanta ignorancia y pendejez. Mismas que sólo irán cayendo con información, desmantelando ideologías basadas en el miedo -un gran motor de nuestra méndiga historia- como aquellos basados en confusiones de trastornos y conductas sexuales con la orientación: la pedofilia por ejemplo. O bien, el hecho de que un gay ‘se siente mujer’ y por lo tanto hay que tratarlo así, u hombre siendo lesbiana. Una cosa es la identidad de género, es decir cómo me concibo (hombre o mujer) y otra es hacia qué sexo género me oriento erótica y afectivamente. Pero no hay esa información en escuelas en ningún nivel de formación. Y claro, ese pánico social promueve que aún no podamos integrarnos todos sin necesidad de que haya una ‘Comunidad LGBT’. Todos somos la diversidad.

Este año, se logró el matrimonio entre personas del mismo género en el DF. El amor, el matrimonio y las relaciones eróticas, el sexo, el simple coqueteo, parecieran resultarnos a menudo complejos. Más, nunca pensamos en la sencillez de su ejecución cuando se es heterosexual. Estos mismos conceptos entre personas del mismo género, han sido tan cruelmente oprimidos que apenas hubo una luz, muchas de ellas comenzaron a recalcular la importancia de la unión; incluso con mayor conciencia que nosotros. La sociedad heterocentrista –diseñada de ese modo bajo esquemas religiosos donde la sexualidad tiene un único fin procreador- negó por siglos un derecho inherente a todo ser humano: orientarse erótica y afectivamente hacia el género que su naturaleza, su ser, demande. Y de ese modo, darle no sólo validez social sino legalidad a sus relaciones.

No obstante, seguimos de pie ante una sociedad polarizada con un enorme número de personas en contra y otro tanto más confundida, con un sentimiento de apremio por respetar una noción que desde niños les infundaron como negativa. Pocos crecieron escuchando en casa o conviviendo con la certeza de que los seres humanos poseemos orientaciones sexuales, que el concepto hombre-mujer no es el único posibilitado de respeto. De acuerdo al Dr. Juan Luis Álvarez-Gayou, Terapeuta Sexual por la American Association of Sex Educators Counsellors and Therapists y fundador del Instituto Mexicano de Sexología,  “la atracción es el concepto central que determina el que tanto mujeres como hombres elijan a otro ser para expresar su sexualidad; concepto con el cual no sólo se hace referencia a la atracción sexual o erótica sino también afectivo amorosa y en donde la persona que atrae es vista en todos sus aspectos fenotípicos externos. De tal manera que la elección que se hace puede ser hacia una persona del otro (heterosexualidad) o del propio género (homosexualidad)”.

Sin embargo, nos implantaron mentalmente una estampa de expectativas sobre cómo debemos ser en función a nuestro género -provocando segregación y discriminación hacia quienes salen de dicho molde- y nos amputaron una capacidad fundamental: la aceptación de la diversidad, de una inteligencia análoga, no binaria -donde sólo puede haber ‘bueno y malo’ basado en estereotipos y creencias- y nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de una transformación social. Puntualmente un mundo donde todos tengamos la libertad de crear una pareja o familia.
Claro, llegan preguntas ‘¿Qué lo causa?’. Pareciera que nuestro espíritu inquisidor nos exigiera explicaciones. Innumerables investigadores han optado por escudriñar entre genes, hormonas, aspectos cerebrales, y millones de conclusiones contrapuestas.

Finalmente y dado que la procreación es sólo un porcentaje optativo de la sexualidad, como bien dijeron Masters y Johnson, dos de los más grandes investigadores de la sexualidad humana, “cuando sepamos qué causa la heterosexualidad, sabremos la  causa de la homosexualidad”.

Es hora de comenzar a analizar esos miedos, esos tabúes que desde niños nos heredaron. Y comprender que la CALIDAD MORAL, la ética, las conductas sociales y sexuales no están delimitadas por una orientación sexual. Están sujetas a cada persona, a su historia de vida. Fomenten la diversidad y luchen desde su barrera contra la homofobia.

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