Por muchos años, toda actividad o comportamiento sexual que desviara el propósito del coito eran considerados terribles . Del mismo modo si los fines de estos no contribuían a la procreación, reconocida hoy como un simple porcentaje optativo de la sexualidad. Entonces diversas prácticas que incluso se llevaban a cabo desde tiempos ancestrales fueron exiliadas –en ocasiones sin total convencimiento- del ideal erótico de muchas personas ante el pánico de ser tildadas de pervertidas o enfermas. Sin mencionar que podían hasta ser acusadas religiosa o legalmente.

Algo es seguro, no todas las prácticas eróticas son para todos. Y aunque gran parte de la sexualidad deriva de todo aquello que produzca objeto de deseo, cada uno tenemos nuestras limitantes y debemos adecuarnos a ellas (luego vienen las culpas y las incongruencias). Sin embargo, quizás sea momento de que explores nuevas perspectivas, a tu modo, y respetando la regla de oro: ‘No causo daño físico ni emocional a mi persona, a mi pareja ni a terceros (lo cual incluye menores de edad, discapacitados o animales, claro)’. Y obvio,  con el consentimiento explícito y apertura de tu mujer. Por otro lado, no olvides los cuidados y técnicas específicas. El propósito es proveer a tu cuerpo y al de ella de sensaciones insólitas pero deliciosas. Desacostúmbrate a la preconcepción sensorial, es decir, a esa percepción de que lo que sentirás ya es de lo más conocido. Te aseguro que hay partes de tu cuerpo que ni siquiera están despiertas, tampoco en ella. Además, muchas de estas dinámicas tienen una enorme carga mental y emocional que no sólo resulta lúdica sino que por su naturaleza poco ordinaria origina mayor excitación.

Sensaciones inusitadas y puntos inusitados

Russian Arts
Conocido por los antiguos romanos como coitus inter mammas, es decir estimulación del pene entre dos pechos femeninos. Aunque muchos han observado esta práctica –seguramente en videos porno- pocos saben la técnica adecuada. El pene requiere de lubricación, en ese caso y dado que no habrá penetración -y por ende no usarás condón que pudiera degradarse-  lo óptimo es utilizar aceite (no precisamente de auto). La piel del pecho, que suele sudar, y la fricción que se dará puede generar que un lubricante con base de agua se separe y se formen bolitas, además secará muy pronto. Utiliza aceite de bebé o de masajes y coloca una cantidad no muy grande entre los pechos de ella. De paso, masajea la zona y acaricia sus pezones y areolas con la sustancia. Da ligeros (li-ge-ros) tironcitos a sus pezones y puedes extender el masaje hasta su cuello.
Entonces, pídele que con el aceite vaya estimulando manualmente, tanto pene como testículos; esto con el fin de exacerbar todas las terminales, insistiendo en el glande. La postura más cómoda consiste en pedirle que se recueste con la cabeza ligeramente sostenida en una almohada, móntate en su abdomen (no recargues todo tu peso, no pesas 100 gramos) y coloca tu pene entre sus bubis. Cualquiera de los dos, o incluso ambos, pueden manipular los pechos de ella y presionar con estos el tronco del pene, al tiempo que mueves tus pelvis y permites el roce constante. El movimiento de sus pechos debe ser circular, es decir presionarlos hacia el centro y luego girar las manos hacia fuera para que además el masaje sea intermitente. Este movimiento además le dará sensaciones placenteras a ella, siempre y cuando sea suave y cuidadoso. Presiona tu glande además en la zona de unión de sus costillas (donde duele la gastritis). Y ¡ojo!, la eyaculación debe estar previamente negociada, a pocas les agrada que exploten tus fluidos en su cara. Retírate poco antes de sentir la llegada triunfal.

Fisting
Una de las prácticas que requieren más cuidado y estrategia. No es algo que deba surgir sin previa introducción. Consiste en penetrar la vagina de tu mujer con el puño. Los amantes de esta práctica confiesan que provee verdaderos multiorgasmos. Suena algo peligrosa y claro, puede serlo si no se realiza de un modo adecuado pero sobre todo si no se respetan poco a poco los límites tanto naturales como emocionales de ella. El origen del fisting tiene como fin hacer sentir a la mujer que está completamente ‘llena’ y crear presión en las paredes vaginales lo que profundizará el orgasmo sobre todo si hay estimulación clitorial adjunta. Debes ir paso a paso y es imprescindible que ella se encuentre perfectamente excitada y dispuesta. Debes ir dilatando su vestíbulo vaginal. Esto, además de comenzar con la excitación, consiste en masajear con mucho lubricante con base de agua e hipoalergénico el clítoris, los labios menores,  e ir introduciendo primero un dedo, luego un par (índice y cordial) y con éstos de manera literal acariciar las paredes de su vagina. Irás sintiendo cómo se extiende. Retíralos y si ella no reporta dolor o incomodidad intenta con un tercer dedo. Repite el masaje hasta que puedas -con mucho tiento- meter la mano completa. Quizás las primeras veces le resulte incómodo que ésta esté empuñada. Su vagina tiene la capacidad de extenderse el perímetro craneal de un bebé pero en un parto surge un juego hormonas que lo permiten y en este caso no lo hay, por lo que debes promoverlo con deseo puro y distensión local por masaje. Si ella en cualquier punto se apaga o comienza a sentir miedo, detente. Si se tensa puedes lastimar y lacerar la mucosa vaginal. Si por el contrario se siente de lo más excitada, prueba estimular su clítoris con la otra mano y el orgasmo será extensivo. En todo momento debes ser delicado, aquí el mito del actor porno que parece estar golpeando masa sobre la vagina, no aplica. Tu mujer no está anestesiada como las actrices ni tiene la práctica.

Humming
La reverberación es la clave. Tu boca y la de ella pueden crear vibraciones sobre los genitales y extenderla más allá, incluso hasta la pelvis. El Hum, consiste en emitir continuos sonidos de baja vibración o zumbidos de manera prolongada cuando se da sexo oral, algo así como el mantra Om que recitan los yoghis y tibetanos, pero claro sobre la vulva o con el pene dentro de la boca. Esta práctica es el principio de los juguetes sexuales vibratorios. Las ondas o palpitaciones sonoras exacerban el orgasmo y hacen el proceso mucho más placentero y hasta divertido.
Tú a ella: Más allá del masaje lingual, coloca suavemente tus labios alrededor de su clítoris, vestíbulo vaginal o labios menores, como si les dieras un beso apenas tocándolos y genera el sonido tan bajo –en cuanto a escala de sonido- como puedas. Tú mismo sentirás la vibración en los labios.

Ella a ti: Con la mitad de tu pene en su boca, ella deberá emitir las vibraciones con la boca al tiempo que con una mano sostiene tus testículos y los eleva ligeramente para que la sensación llegue hasta ellos.

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