¿Fueron alguno de los cientos de calzonudos que viajaron en el metro el 8 de enero? Un año más, por segunda ocasión,  Flashmob México logró la meta de reunir a una muy buena banda que con toda naturalidad se despojó de sus pantalones en plenas  estaciones del metro Auditorio e Insurgentes. Con toda naturalidad y con el principio de evitar que los no participantes notaran que había toda una organización detrás. Sólo para entretener. Como la mayoría de los Flashmobs que se realizan en todo el mundo.

Este viaje por el subterráneo en chon nació en Nueva York en 2003 y cada año se suman más ciudadanos y más países. Este en particular ya cuenta con 59 naciones que una vez por año organizan estos viajes orondos en tanga, calzón de Santo, trusa de Homero Simpson o cualquiera que sea de la preferencia del pasajero.

Estos movimientos de multitud espontánea -aunque en ocasiones tienen fines políticos,  subversivos o reivindicativos  (como el de los besos gay para Benedicto XVI en Barcelo en 2010)- sólo pretenden entretener, sacar a la población de su cotidianedidad y de esa casi ceguera ante nuestro entorno en la que nos sumimos a diario. Sólo llamar la atención y generar un mini movimiento de unión por una actividad lúdica. En este caso, la quitadera de pantalones. Claro, a juzgar por la cara de algunos en el video, pudiera pensarse que el fin era escandalizar. En fin, uno podrá pensar que estas cosas son innecesarias, o encontrarle un fondo antropológico profundo en términos de solidaridad, de necesidad de unión de voces o de experimentación, de liberación ideológica, cada quién. O bien, parte de cómo experimentamos en este siglo la liberación de los pudores y claro de paso, cierta visión de una sexualidad libre dada la relación de la desnudez o de los ‘paños menores’  con ésta. Yo celebro el atrevimiento, la diversión que seguro experimentaron los que participaron. Acá el video

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