Es Es común querer cancelar una vida sexual. Muy al contrario de lo que se piense y el bombardeo de imágenes y publicidad que nos sugieren (veladamente o no) un contínuo ‘coge, coge, con quien sea pero coge’. Hay personas pululando por todos lados que quisieran que el sexo no fuera más que un momento de negociación entre pareja y que no se volviera a aparecer.

Las causas son miles, la gran mayoría de carácter emocional. El asunto es que no debemos permitir que esa idea de cancelación, esa necesidad de ponerle un candado a los calzones, avance. El momento en que tenemos sexo o nos dirigimos o eso, es quizás el instante en que una persona se encuentra más vulnerable que nunca. Si pudiéramos ver con rayos X todo lo que nos sucede a nivel emocional, nos daríamos cuenta que es un verdadero acto de valentía.

Es entonces que en esos segundos en que uno se da cuenta que está más desnudo que nunca, frente a alguien (conocido o desconocido, ahí cada quien), pueden suceder situaciones que nos lastimen. Un mal comentario, una humillación, un mal consejo. Y podemos cargar con eso por siiiiiiglos. Invariablemente.

Ese funesto instante, puede llevar a muchos a querer cerrar con kola loka la abertura genital o ponerse una concha irrompible.

A muchos de los lectores de las revistas que me han contado sobre situaciones que los lastimaron como comentarios hirientes con respecto a su pene, a su cuerpo, a su respuesta sexual, etc. les digo que en realidad (claro además de que existen seres asqueantes que aman humillar a los demás) aquellos que lo hacen también son víctimas de su propio nerviosismo, de su propia vulnerabilidad y entonces suelen decir cosas que resultan insultantes.

Ahora, sobre los bloqueos y castraciones mentales. Creo que ya se habrán dado cuenta que en Latinoamérica no recibimos la mejor educación sexual. Está demasiado ligada a creencias religiosas, mitos, tabúes y comentarios sociales. Por eso es simple que uno sea parte de ese cículo vicioso y sienta culpa al tener deseo o tras un contacto. O, por el contrario, tomar un actitud rebelde y aventarse a retar esas ideas que los lastimaron, convirtiendo su vida sexual en una cama comunal para el que guste entrarle. Eso tampoco es plenitud. Ambos extremos son demasiado peligrosos.

Otras de las situaciones son claro, desde los abusos hasta el vil engaño de una ex pareja. Reconectarse con el ser sexual no es simple. Pero hay una fórmula infalible, que se llama ‘Conócete a ti mismo’. Cuando uno se voltea a ver y detecta lo que le está provocando esa búsqueda de cercenar su sexualidad, es mucho más fácil tanto pedir ayuda como resolverlo por sí mismo y atreverse y darse chance a vivirse e incluir algo tan primordial como básico: su sexualidad. El problema es dejarlo ahí a que se haga moho y que nada suceda. hay que darle una limpiadita a ‘la azotea’ de vez en cuando.

El deseo regresa. Lo juro. Si no, que la Nación me lo demande. Jajajaja. Besos

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