Bastante común eso de echar carnes, aumentar unos kilillos y que eso actúe directamente en detrimento de la vida sexual y la atracción erótica. Para empezar, de manera personal. Cuando se nos han pasado los tamales o incluso, aquellas mujeres que acaban de parir, al vernos al espejo (seamos hombres o mujeres, aunque a ellos ‘se les perdona socialmente más’), lo poco agraciados que nos sentimos nos jode la líbido. No queremos ni encuerarnos frente a la pareja, y ya en los jueguitos, cuando aquella mano pasa por las bamboleantes llantas que nos salieron o por el muslo que parece de Barney, en automático el pensamiento auto reprobador no nos permite disfrutar. Sí, una se siente como la marranita de la foto. Y vamos, cuando estamos con alguien que sabemos que nos ama en esencia, podemos sentirnos un poco más seguros pero no nos ‘hágamos tarugos’, a cualquiera, cual-quie-era le agrada más sentir un cuerpo al menos como lo conoció, no 20 kilos después. Sin necesidad de ser tachados de viles y víctimas de la influencia de los medios y la estética.

Cualquiera tiene en las manos la solución (salvo que sea una cuestión hormonal o endocrinológica) y es cerrar el pico y hacer ejercicio, elegir verse y sentirse mejor. Nadie lo negará. Lo preocupante es cuando esa persona no siquiera trata de cambiar su cuerpo ya sea porque siente muy segura a su chavo o chava, o porque como casada de antaño piensa ‘que ya salió’ y que ya no hay necesidad de cuidarse. Créanme, a veces la falta de honestidad o el intento de no herir al otro, hace que muchos se callen su hartazgo por la subidera de peso de con quien comparten la cama. No por falta de amor, sino porque de verdad la atracción física es importante y tratar de lucir bien para la pareja también es un regalo.

Los hombres suelen recibir mejor la crítica con respecto a su nuevo peso. Además con sutileza y algo de humor la cosa queda entendida. No es necesario llegar al ‘mercado de lágrimas’ para decirle al querido amado-amante ‘Mi vida creo que se te está pasando la dosis de manteca’. Lo malo es que por lo mismo, son menos afectos a ponerle solución y la mujer termina por acostumbrarse a que tres kilos de barriga le caigan encima en cada ‘misionero’.

Pero eso sí, las mujeres uuuuuuuy, uuuuuuuuuy, ¡uy! cuando nos dicen aunque sea de manera ‘jocosita’ que se nos comienzan a desparramar las carnes de los jeans, casi siempre nos infartamos. Y lo acepto, es complicadísimo que nos lo digan. Y no hay fórmulas. Hay quienes aconsejan promover actividades juntos que hagan que ella baje de peso y quienes sugieren regalar una membresía para un gimnasio o unas clases pero cada caso es un universo. Dependerá mucho de ella y por encima de todo de que desee verse mejor. Porque sí y sí hay mujeres que dicen ‘me vale y ahi te van mis kilos de más ¿no te late? ¡te aguantas! ‘ Y claro,  hay personas que estan inmerasas en una adicción, son comedoras compulsivas, la comida les llena vacíos emocionales fuertes y necesitan ayuda. Yo por eso siempre he dicho que no hay como hablar, decir las cosas. El punto es cómo hacerlo.

Échen sus mejores frases y estrategias para decirle a una mujer (o a un hombre) que es hora de que atienda su camino al sobrepeso.

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