Suena absurdo pero millones de personas a diario planean tener un hijo no planificado. Es decir, tienen sexo sin la menor protección ‘esperando no embarazarse’. Eso es planear tener un hijo que no desean.

La llegada de un bebé genera un cambio de 180 grados en la vida de toda persona (cuando se involucran), y de acuerdo al psicólogo Fernando Salomón, “para un hombre la experiencia de ser padre sin desearlo suele provocar una sacudida que impactará prácticamente todas sus áreas de vida”.  Esto se ve incrementado de manera puntual porque no experimentan físicamente el proceso del embarazo y por lo tanto pueden sentirse ajenos. Más aún, si en medio del shock su respuesta primaria es evadir o mantenerse alejados de la ‘creación del nido’ hasta su llegada.

Como muchos, podrás pensar que tener un hijo no deseado es algo tan común (según la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica 2006, el 80% de los niños que hoy tienen entre uno a cinco años no se planearon), que si otros han podido ‘sobrevivir’ ¿por qué tú no? O tienes esa añeja creencia del ‘no pasa nada’. Sí pasa, en cada área, en cada día.

Todo lo anterior pudiera plantear al bebé como ‘el enemigo a evitar’, cuando tiene una responsabilidad nula en esto. Un ser humano es el mejor regalo que otro ser humano puede experimentar. Apurar su llegada, no obstante, provoca una doble sensación: amas a ese ser conforme lo conoces y vives la experiencia de ser padre/madre, al tiempo que ves coartadas o desbalanceadas todas las áreas alrededor de él. Surge la culpa y el miedo al fracaso. Para toda pareja representa un reto, aún cuando ansiaban ser padres, “cuando llega ‘sin aviso’ se triplica en necesidades de tolerancia, paciencia, respeto y otros valores.

Por otro lado, ese niño o niña se verá afectado más de lo que crees. Diversos estudios, entre ellos Psychosocial Maladjustment and Antisocial Behavior of Undesired Children de los doctores checoslovacos V. Schuller  y Z. Dytrych, muestran que un ser humano desde el vientre materno y su infancia percibe el rechazo, el estrés generado por su presencia (se le diga o no), la situación familiar y de pareja inconsciente, y en numerosos casos se genera desarrollo fetal incorrecto, dificultades cognitivas, psicomotrices, sociales, de comportamiento y mayor proclividad a actividades delictivas, de bullying (como ejecutores o víctimas) y autodestructivas así como a enfermarse con más frecuencia, comparados con los hijos planificados.

El estudio Parental Acceptance-Rejection (2005) de Ronald y Nancy Rohner de la Universidad de Connecticut confirma dicha investigación y plantea el origen en la relación de amor-odio, aceptación-rechazo que se da entre madre o padre y su hijo; ya que él responderá inconscientemente con rechazo y auto rechazo al sentirse no deseado. Lidiar con esta mezcla de emociones suele requerir apoyo profesional. Afirman que el instinto maternal/paternal no es innato sino aprendido y muchos simplemente desearían que dicho bebé simplemente desapareciera. Y, lo creas o no, desde antes de nacer tu hijo lo siente, lo sabe.

Échenle ojo, échele conciencia.  Por favor.Es un bebecito, un ser humano con el potencial nato para gozar de una enorme plenitud, es una vida que tú puedes enriquecer, impulsar o coartar con tus decisiones. En tus manos. No la amarguen o destrocen por un minuto en que no pensaron, en que no pudieron tomar las medidas adecuadas, las cuales están a la mano, de simple acceso y de nulas consecuencias. Un condón, por ejemplo. Simple. Si hay pretextos o razones reales para evitar el uso de anticonceptivos hormonales, porque sí hay mujeres a quienes les caen del demonio y se sienten fatal o tienen desórdenes hormonales o endocrinológicos, USEN CONDÓN.  O claro, aunque en este caso estamos hablando de concepción no deseada, no olviden que si no conocen a fondo a su pareja sexual, no tienen claridad sobre su salud y pasado sexual, entonces USEN CONDÓN.

Exígelo. ¿Qué caso tuvo que tantas mujeres hayan incluso ido a prisión (como Gloria Steinem), por despertar la conciencia feminista (ojo, no hembrista), para crearnos concientización sobre lo valiosa que es nuestra sexualidad, nuestro género -y pareciera que hubo efectos como el hecho del actual estatus femenino al menos en las ciudades- si no podemos empoderarnos de lo básico. Del simple hecho de exigir un condón. Si una es la que va a pasar lo más complejo,  dígase embarazarse, amamantar, mantener (junto con el padre, hope so), educar, llevar la mayor carga emocional y práctica, ver su cuerpo transformarse y tener que esforzarse para rediseñarlo tras un parto; vivir los altibajo hormonales, pasar por el dolor y el extremo al que llegan todos los órganos internos durante una gestación, y una lista interminable. ¿Por qué él no podría contribuir poniéndose un condón? No les estamos pidiendo que se cercenen el pene, sólo que lo introduzcan a una mínima, milimétrica película de látex de menos de un milímetro de espesor y que se ajusta a su pene a la perfección. Nada más. Y que -según estudios- no les resta sensibilidad mayor a la de un 2% de su potencial. El que no sepan erotizar su cuerpo y potencializar las cualidades sensoriales de su pene no es culpa del condón. Ahí se los dejo para que lo piensen.

 

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