Se ha dicho en múltiples ocasiones que el responsable de la creación de las muñecas inflables fue nada más y nada menos que el gran hijoepu Hitler. Dicha historia no está avalada por ninguna institución, academia ni historiador pero son de esas que se han contado tanto que se convierten en verdades culturales. Supuestamente el führer encargó a un médico danés una muñeca galvanoplástica para sus soldados y así evitar que se contagiaran de enfermedades venéreas en tiempos de guerra así como impedir la mezcla de razas que él veía como una aberración. Debía ser obviamente aria, atlética, de ojos azules, pelo rubio, de 1.76 metros de estatura y pechos grandes. Se cuenta que el proyecto, llamado ‘Burghild’ se vio frustrado debido al bombardeo aliado de la ciudad de Dresde que destruyó la fábrica. Se estipuló Geheime Reichssache, o sea más secreto que ultra secreto. ¿Leyenda urbana? Nunca lo sabremos. Los japoneses por su lado se auto imputan el invento desde 1930 con un fin similar, dotar a sus marinos de ‘muñecas de viaje’ para consolarlos en las largas travesías en barco o submarino, pero se elaboraban de tela.  ¿Será tú?

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