A todas las mujeres nos dijeron nuestras madres, cuando nos llevaban a un baño público, el típico ‘Nunca te sientes mijita chula, haz de aguilita’. O sea que no colocáramos el hermoso trasero en el escusado aquel ya que podíamos pescar infecciones. En lo personal me volví una experta en ‘hacer de aguilita’, como le llamamos en México a sostener el peso en las piernas semi flexionadas para no tocar el inodoro (que by the way nunca he entendido porqué le dicen inodoro si de inodoro suele no tener nada), en fin. Yo siempre he sido muy ‘meona’ tal cual me lo decía mi madre. No había, ni hay lugar al que no tenga que pasar al baño. Lo siento, mi vejiga es chica.

La cosa es que deberíamos preguntarnos qué tan factible es pescar una infección vaginal en un retrete público. Las infecciones vaginales pueden ser micóticas o bacterianas. En el caso de los hongos -dado que la vagina es un ambiente cálido y húmedo propicio para éstos- cuando dichas condiciones aumentan o ciertos cambios hormonales lo provocan, se reproducen y causan una infección, un desbalance de la flora vaginal que comúnmente conocemos como infección; por lo cual es casi imposible contraer una micosis en un escusado ajeno. Las bacterianas son el resultado del desbalance del ambiente ácido dentro de la vagina donde las bacterias buenas viven. Si organismos insalubres las afectan, se multiplican creando un cuadro bacteriano infeccioso.

O sea, ahondando, hablemos de su flora vaginal. En el siglo XVIII, A. Döderlein, médico alemán, observó en el microscopio que en la secreción vaginal de mujeres sanas existe la presencia de bacilos Gram positivos. Éstos, constituyen su flora. Los síntomas que traduces como ‘infección vaginal’ son provocados por microorganismos que igual pueden ser bacterias, protozoarios, hongos o la interacción de más de uno de éstos, lo que provoca infecciones mixtas. La vagina es un medio húmedo y cálido que promueve su proliferación pero, en ocasiones, el uso de ropa ajustada, jabones y desodorantes vaginales con perfume, el sexo sin protección, la ropa interior de nylon y, hasta el estrés, disparan a estos ‘amiguitos’ y desequilibran tu flora.
Lugeo, no todos los desequilibrios se tratan del mismo modo. Los desequilibrios mixtos requieren de más días de tratamiento. Puede tratarse desde una vaginosis bacteriana común (que es el crecimiento excesivo de bacterias), hasta de tricomoniasis, una enfermedad de transmisión sexual causada por un parásito protozoario que produce una sintomatología más severa y molesta. Si usas un tratamiento que no contenga las sustancias necesarias o que no cumpla con la dosis requerida, no sólo te arriesgas a que tu cuadro empeore, sino que terminarás por gastar más. ¿Te das cuenta por qué es importante consultar a su ginecólogo, manitas?

En realidad, en un baño público es poco común que te pongas en contacto con los fluidos de otra persona que presente una infección . Un proyecto realizado por Kaleight E. Solow para la Feria Estatal de Ciencias de California determinó que las puertas de los baños, sus manijas y las llaves del agua contienen más bacterias que los mismos retretes. Es así que si abres y tocas el pasador de la puerta y con la misma mano te rascas o tocas, envías todo ese cultivo directo a tus genitales. Esa es la mayor causa de que salgas con una infección de ahí, no por haberte sentado. Se recomienda no tocar directamente las puertas de los baños (usar un pedazo de papel) y utilizar cubiertas plásticas o de pellón si piensas colocar el trasero en el señor toilet.

Lo que sí no te dejará con infección pero en definitiva, con una sensación horrenda y asquerosa, es levantarte con las nalgas empapadas con orines de alguien más. Lo ¡detesto! Carambas si no van a sentarse, atínenle o pasen un papel encima. Nunca falta que llegas volando al baño y sin pensarlo, te sientas y comienzas a percibir cómo tu trasero se va humedeciendo. ¡Asco total!

Share Button