Cada vez es más habitual encontrarse con personas que lleven algún piercing. Los hay que son perceptibles a simple vista, como esos puequeñas piedras preciosas y no tan preciosas que se colocan en la nariz provocando que su propietario lleve aparentemente un moco colgando, y otros que se descubren en momentos más íntimos. Aún recuerdo con cierto risa una noche rara, en el transcurso de unos arrumacos con un chavo con el que apenas estaba saliendo, descubrí  una anilla instalada en uno de sus pezones. Él se moría de gusto, pero yo tenía ganas de llamar a mi madre. Y claro él pedía que halara del aro con la lengua. Fue extraño.

Personalmente jamás me he encontrado ni me pondría algún ejemplo de piercing más extremo, especialmente genital (en el clítoris, los labios, el frenillo, el perineo, el escroto o el glande), pero nunca se sabe. Sin embargo, es justo reconocer que el propósito final de los piercings no es sólo estético sino que también pretende aumentar la estimulación y la excitación de muchas partes sensibles de la anatomía humana. Según ellos, lo consiguen. Como cualquier otro tipo de perforación cutánea, los piercing genitales entrañan muchos peligros. Por supuesto, la inmensa mayoría de locales que se dedican a estos menesteres están bajo control y siguen las recomendaciones higiénicas básicas marcadas por las autoridades sanitarias. Aún así, no sólo hay que contemplar posibles infecciones tras la colocación del piercing y en su proceso de cicatrización, sino que también conviene estar atentos a lesiones en los tejidos internos.

El auge de los piercing genitales ha traído consigo la aparición de un tipo de joyería erótica adaptada a estas necesidades. Algunas de estas piezas son verdaderas obras de diseño, elaboradas con materiales nobles y con todo tipo de incrustaciones, ya sea de bisutería o de piedras preciosas. Se trata de un tipo de joyas bastante exclusivas y alejadas del día a día. Vamos, que como no seas la amante o la mujer de algún futbolista famoso o de un magnate mafioso ruso, la cosa está complicada. A pesar de todo, también pueden encontrarse en el mercado joyas para economías menos saneadas. Tal es el caso de las que diseña Karen Hallam, una británica que ha creado su propia empresa de joyería erótica. Ésta es su página web.

Por otro lado, también podemos encontrar colgantes y joyas directamente inspirados en la anatomía genital humana. Pendientes con forma de falo, broches inspirados en una vagina, plugs anales con luz incorporada… Desde tiempos inmemoriales el hombre ha recurrido a las joyas de inspiración genital, ya sea con intenciones lúdicas o para favorecer la buena suerte. Tal es el caso de los ‘fascinum’, amuletos utilizados por los romanos, unos pequeños amuletos con forma de pene que se utilizaban para ahuyentar la mala fortuna y el mal de ojo y que, hasta hace poco, se han utilizado en el sur de Italia (especialmente para proteger a los niños. Son éstos

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