Todo mundo sabe que el kamasutra es un libro donde se muestran e ilustran diversas posiciones para hacer el amor. Pocos, saben a profundidad sus orígenes y verdaderos propósitos. El kamasutra no es una colección de capítulos, es un arte; un arte amatorio que se creó hace más de 2000 años no sólo con el fin de mejorar las relaciones sexuales, si no de acercar a los seres humanos a Dios y otorgarnos una visión distinta del universo. No es un manual sexual, es un manual de vida. En occidente y tras una herencia religiosa europea, tenemos una visión muy distinta de lo que es la cópula. En miles de casos incluso, se le ve como algo sucio, corpóreo, pecaminoso o cuyo fin único es la procreación. En la cultura hindú así como muchas otras de Oriente, el acto sexual es una manera de tocar el cielo, de trasladarse al origen de todo y el mismo orgasmo, ese diminuto instante, lo describen como el momento en que puedes ver a Dios a los ojos. Obvio, tras tantos siglos de deformación del concepto, en ocasiones sólo nos limitamos a verlo simple y a ejecutar el actor de COGER.
Hay quienes han comprado o bajado de la red el kamasutra y han intentado hacer algunas posiciones. Válido en absoluto, pero sin menester de hacer del lúdico acto de coger un momento aburrido, demasiado espiritual y ritualístico, creo que puede ser muy alentador rescatar el significado de fundirnos en pareja, de hacernos un órgano único en el que podemos sentir la vida misma.

Según la tradición hindú, el kamasutra nace cuando el Señor de los Seres, el equivalente a Dios para nosotros, crea al hombre y a la mujer y les asigna tres reglas a seguir en su existir: el Dharma, la vida religiosa; el Artha, la relación con las cosas materiales y el Karma, que abarca el amor, el placer, la sexualidad y el deseo. Es decir, el mismo Dios ‘de ellos’, a diferencia ‘del nuestro’, marcaba como una obligación, como un mandamiento, el placer, el erotismo y el disfrute de la vida en pareja, les da la función de esposos-amantes.
El libro como tal es herencia de Nandim, quien hace 2000 años escibió los ‘Aforismos del amor’ y más tarde en el siglo III d.C., basándose en estos 1000 capítulos, Mallanaga Vatsyayana, escribe el kamasutra que ha llegado hasta nosotros. La palabra surge de kama: placer de los sentidos y el espíritu, deseo; shastra, ciencia del amor.

Al final, a pesar de que no contamos con la educación y tradición del acto de amor a través del placer, estos textos los tenemos al alcance de nuestras manos y de esta forma aplicar algunas de sus orientaciones para tener una vida sexual mucho más placentera, quienes deseen hacerla espiritual, tendrán las herramientas. Es sólo que lo último en lo que pensamos al decir la palabra ‘espiritual’ es en el sexo y no nos cabe en la cabeza que hacer el amor es un acto tan purificador como lo es rezar o ayunar en Semana Santa. Sobre todo, cuando el significado de puro, al menos en la religión católica, está relacionado con la abstinencia sexual y de esa forma se obliga a tomar votos de castidad a sus representantes.
De veras, hacer el amor (no confundir con echarse un quién-vive sólo por calentura y sin interés de crear intercambio), es un acto religioso para ser parte del universo, creo que casi todos lo hemos sentido.
Hagamos más posiciones, y no sólo por hacerlas, si no en completa orientación a dar más placer. Esta es otra diferencia clara, el sexo no es un acto de recibir, si no de dar (sin albur). Hacer al menos dos posiciones al tener sexo mejorará la calidad de tus orgasmos, tendrás más variedad, encontrarás puntos eróticos nuevos, la excitación aumentará y el sexo no se tronará aburrido nunca.

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