Comencemos esta semana con Flexibilidad Sexual. Y no, no me refiero que se pongan a hacer posturas acrobáticas donde necesiten desdoblarse como ligas, sino de la fexibilidad mental, la erótica.

A todos, independientemente de nuestro concepto de plenitud sexual, se nos ha antojado generar nuevas dinámicas o ser más sensuales, mostrar un alto rendimiento, aventarnos el numerazo más sexy pero pese a que nos hayamos atrevido, esos cambios suelen ser poco duraderos, son como flashazos y se olvidan y terminamos recurriendo a nuestras clásicas dinámicas. Puede deberse quizás porque pretendemos en ese momento disfrazarnos de quienes no somos, nos obligamos a actuar. Y pocos actos de nuestra vida exigen más honestidad que el sexo. Tanto para adaptarnos como para compartir. Es obvio, tenemos ya una serie de mapas generados y romperlos y cambiarnos el chip no es simple. Necesitamos flexibilidad. Y esto no implica únicamente el aceptar llevar a cabo fantasías o experiencias nuevas por propia decisión o por solicitud de la pareja sino conectarnos realmente con las nuevas sensaciones.

Por ejemplo, de repente tu chav@ te dice que le gustaría que fueras más ‘atrevido’. Pero ¿qué quiere decir con esto? Ahí comienza el meollo, no somos puntuales. ¿Atrevid@ cómo? ¿En términos de posturas, prácticas, palabras, ropa interior, lugares donde tienen relaciones? ¿Qué? Desde ahí no permitimos que la contraparte se flexibilice porque ya le estamos vendiendo la idea de ‘no eres buen amante’, ‘No me  gusta’, ‘Estás en el hoyo mij@’. Hay que ser literales: ‘Me encantaría que lo hiciéramos en la regadera en una postura en que estemos ambos parados y quiero hacerte tal y tal cosa’ (el ofrecimiento de lo que YO estoy dispuesto a hacerte es la llave). Ahí en ningún momento pones en tela de juicio su desempeño. Muy distinto a que le digas ‘Quiero hace algo nuevo’. ¿Nuevo cómo? Y la cabezota comienza a volar con picones mentales como ‘¿Ya l@ aburrí?’, ‘¿No le gustará cómo lo hago?’.

Ahora, ya están en el ‘escenario’, cuando una situación o actividad nueva se ejecuta puede perder mucha chispa o magia justo por nuestra incapacidad para flexibilizarnos. No por aceptar o no sino por no permitir a la mente ser flexible y dejarse llevar. Hay demasiada preocupación porque salga bien, por lucir bien o decir lo ‘correcto’. Y aunque tu cuerpo esté ahí diciendo ‘Sí mira soy rete flexible, aquí estoy’, si la mente no se relaja y no le permitirnos adaptarse, comenzamos a sentir en vez de pensar. Y no se percibirá todo el potencial de esa nueva experiencia. Y claro, no se integrará a nuestra ‘cotidianidad sexual’ y será raro que se repita porque sientes que estás actuando, que no eres tú; no lo hiciste tuyo. No eres tú flexibilizado a la experiencia, dejándote sentir. Entonces volveremos al ‘clásico pero seguro’.

Esto también sucede cuando utilizan herramientas o aliados del erotismo. Por ejemplo el Kinky Maca de Sico, un condón que al tiempo se convierte en un elemento de placer (por la maca peruana que contiene su lubricante que exacerba las sensaciones al interior de la vagina). Si lo colocan, penetran y dedican el momento a pensar, a analizar qué es lo que están sintiendo, si  ‘sirven o no’, impedirán que se traduzca en sensaciones. Déjense llevar, relajen su mente y sientan. Flexibilicen su mente y entréguense al arte de gozar. No sólo porque el condón como tal ya tiene ciertas cualidades para tener una experiencia más rica sino porque en el momento en que te flexibilizas, te conectas y vives la experiencia, no la piensas o piensas que la viviste. ¿Queda claro? Espero que se conecten a ello y cómprense sus Kinky Maca, que acá entre nos, rulean.

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