Estamos ante un enemigo no sólo en términos de salud pública, sino de intervención social, cultural, económica y política. Todas las decisiones impactan nuestras posibilidades de lucha. El cáncer de mama (CaMa) es la primera causa de muerte femenina a nivel mundial con 411 mil fallecimientos anuales y es el cáncer más prevalente del orbe: 4.4 millones de mujeres lo padecen o lo han padecido en los últimos cinco años. Y, de acuerdo con la tendencia, se esperan dos millones de casos nuevos para 2012 con un incremento promedio de 28% de los fallecimientos a nivel global para 2020. Representa 10.4% de los nuevos cánceres anuales, sólo el cáncer de pulmón supera sus cifras.

En México el panorama epidemiológico dio un giro absoluto. Desde la década de los 70 se han duplicado los fallecimientos por cáncer mamario convirtiéndose en uno de los mayores problemas de salud pública. A pesar de ello y a que, de acuerdo con la Secretaría de Salud, existen cerca de 80 organizaciones de la sociedad civil que trabajan en la guerra contra el cáncer, seguimos lejos de presumir cifras de desahogo. Y de integrar un sistema concordante entre comunidades científicas, médicas, gubernamentales, civiles, de educación y de desarrollo social. Lo puntual es ¿hacia dónde girar antes de que el enemigo nos encuentre? ¿Por qué pareciera que tarde o temprano lo tendremos cerca?

A menor ingreso y nivel educativo, mayor riesgo
Un 45% de los casos, así como la mayoría de las muertes se concentran en países de bajos ingresos. Los fallecimientos pudieran explicarse de un modo lógico: los tratamientos, así como la detección son de menor acceso en poblaciones con poco nivel educativo y económico. Sin embargo, ¿a qué podemos aludir su mayor frecuencia? Otro punto fino concierne a la edad: la población afectada en dichos países por este cáncer es más joven. No obstante, es en los que más prevalece la ideología de que el cáncer de mama es un problema de mujeres de edad avanzada. En México, la mayor prevalencia está en mujeres de 40 a 49 años mientras que en países europeos está en la posmenopausia. Pero debemos tomar en cuenta que gran cantidad de estos cánceres surgieron mucho antes. Una célula cancerosa de mama generalmente se duplica cada 100-300 días. Para que alcance un centímetro de tamaño y sea percibida por la paciente al tocar (70% de las detecciones mundiales son por autoexamen), tuvieron que pasar al menos siete años; cerca de 30 duplicaciones. Dichas alteraciones subclínicas (menores a un cm) pudieron ser detectadas por un ultrasonido mamario justo en los ‘treintas’ de dichas mujeres. Pese a ello, en los mismos servicios de salud públicos, la mastografía  únicamente se aplica a las mayores de 40 años cuando, de acuerdo con la American Cancer Society, debe hacerse desde los 35. Y los servicios de ultrasonido mamario –el cual puede realizarse a cualquier edad– son por demás insuficientes o inexistentes en clínicas de dependencias como el IMSS y el ISSSTE. Además de representar múltiples trámites burocráticos.

En 2007, sólo en el Instituto Nacional de Cancerología (INCAN) se registraron 744 pacientes incorporadas al Seguro Popular con
diagnóstico de CaMa, 18% era menor de 40 años y estaba en fases avanzadas. ¿Y nos seguimos preguntando por qué 12 mujeres mueren al día por este cáncer en nuestro país? La letalidad del CaMa en países de bajo ingreso es de 56%, por 24% en países de ingreso alto. Es decir, 56 mujeres de cada 100 diagnosticadas morirán en zonas como Latinoamérica.

¿Qué es?
Por lo regular cuando escuchamos sobre el cáncer, se alude a términos como neoplasias, neoplasmas, in situ, tumores, carcinomas. Si no se es médico, pocas veces se comprenderá a fondo. Momento de hacerlo. Como tal, es el resultado de la multiplicación anormal de células de un tejido, en este caso las mamas. Este proceso es conocido como neoplasia. Esta proliferación celular da como resultado un neoplasma, el cual, al tomar una forma diferenciada se reconoce como un tumor. Cuando se habla de tumores por CaMa y otros, se les denomina carcinomas, los cuales son el resultado de neoplasias malignas (no todas lo son, hay crecimientos benignos). Existen dos tipos principales: el carcinoma ductual y el carcinoma lobulillar. El primero se origina en los conductos que transportan la leche hasta el pezón. Para comprender el lobulillar hay que tomar en cuenta que la glándula mamaria contiene de15 a 20 lóbulos ordenados radialmente, cada uno está compuesto por lobulillos (en donde se origina este tipo de cáncer) y éstos –cada uno– terminan en aproximadamente100 alveolos glandulares donde la leche es producida.

El cáncer puede ser invasivo, es decir, haberse diseminado hacia otras zonas de la mama o hacia los ganglios. O bien, no invasivo (localizarse sólo en el tejido lobulillar o ductual), también denominado in situ. El carcinoma ductual in situ, o sea, cuando aún se encuentra en el revestimiento de los conductos, de no tratarse oportunamente puede progresar a cáncer invasivo y el lobulillar in situ, es un estado de alarma de invasión potencial en ese o ambos senos.

Por otro lado, múltiples investigaciones como las de la American Society of Clinical Oncology, publicadas en el Journal of Clinical Oncology desde 2007, aseveran que gracias a las más recientes tecnologías para el estudio de la expresión global de genes, llamadas micromatrices de ADN, se han propuesto cinco subclases de cáncer de mama: seudobasal, seudo ErbB2 y luminal A, B y C. Esto, en función de diferentes perfiles de expresión génica. Además, en dichas subclases, existe un marcador genético –un segmento del ADN que puede identificarse físicamente y cuya herencia se puede rastrear– conocido como HER2 (por su abreviatura en inglés, factor de crecimiento epidérmico humano tipo 2), el cual se identifica por la sobre expresión de células malignas. Es un cáncer mucho más agresivo y letal. En México, de acuerdo al INCAN, una de cada cuatro mujeres es diagnosticada con cáncer HER2 positivo. Estiman que 25% de las pacientes con CaMa presenta este tipo tumoral. Su única oportunidad estará en la detección temprana.

Oferta, demanda y cultura asesinas
Como sociedad aún no estamos plenamente conscientes de la capacidad aniquiladora del CaMa. Y si lo estamos, nos encontramos maniatados frente a la enorme red de funcionarios, presupuestos y voces que tienen una pieza clave en las probabilidades de sobrevivirlo. Si la detección temprana es la única clave que cambie el panorama, comenzamos mal. Según el reporte “Situación de la Detección de Cáncer de Mama en México. Documento Con-ciencia Rosa” del INCAN, Departamento de imagen, el sector salud cuenta en todo el país con 452 mastógrafos entre unidades móviles y fijas (IMSS 259; SS 124; ISSSTE y otras 52). Usando óptimamente cada uno, se estaría cubriendo al 33% de la población objetivo. No obstante, la cobertura actual es menor al 5%. Si un estudio diagnóstico completo en institución privada tiene un costo promedio de 1500 pesos, ¿cuántas mujeres realmente tienen acceso a él? Aún en las zonas como mayores subsidios, el gasto –en promedio 300 pesos- representa una limitante enorme para familias que eso requieren para comer más de dos semanas.

Por otro lado, y pese a las recomendaciones internacionales de aplicar dicho estudio en mujeres menores de 40 años, la NOM (2002) no sólo limita en términos de edad (con seguridad por la insuficiencia de equipo), sino que busca que ésta se aplique obligatoriamente sólo cada dos años y siempre y cuando haya síntomas o historial familiar. A pesar de las cifras actuales indicativas de prevalencia mucho antes de ésta edad.  Para redondear, según opinión del Dr. José Luis Gutiérrez Herrera, jefe de la Unidad de Oncología del Hospital Universitario de Puebla, en México sólo 40 de dichos mastógrafos son de alta sensibilidad, los demás emiten alta radiación que puede dañar la mama. Además, no se cuenta con más de 50 radiólogos certificados en mama en toda la República. El envío de los profesionistas a dicha especialización, por lo regular se da sin goce de sueldo. Y, la oferta de ultrasonido mamario en sector público, es aún menor.

El autoexamen toma un carácter imprescindible, pero, regresamos al mismo meollo cuando se ha detectado una posible lesión. De acuerdo a múltiples encuestas, acercamientos y monitoreos de la iniciativa “México Reporte Rosa 2009-2010: Cáncer de mama a con-ciencia” en la cual participan numerosas instituciones como La Asociación Mexicana de la Lucha contra el Cáncer, Fundación Cim*ab, la Harvard Global Equity Initiative, la Sociedad Mexicana de Oncología AC, entre otras, la burocracia por la que cada mujer debe pasar sólo para solicitar una mastografía, ultrasonido o ya bien, un tratamiento una vez que se ha palpado una probable tumoración, puede hacerles perder hasta dos años de oportunidad para diagnosticar o atacar su enfermedad. Y, aseveran que “además de la falta de cobertura nacional, se reconocen varias limitaciones que incluyen: insuficiente número de especialistas en imagenología mamaria, radio-oncología, físicos, médicos y técnicos en radioterapia, así como personal técnico para la operación y mantenimiento óptimo de los equipos”. Estas asociaciones civiles han convertido en el parte aguas de la lucha. No sólo proveen fomento en tratamientos, estudios, atención médica y psicológica, sino una investigación de fondo sin fines políticos. La búsqueda y el reto están en lograr una sinergia con las instituciones de salud pública.

Más, desde la otra cara de la moneda, la capacidad financiera de los servicios públicos es alarmante. El artículo El costo de la atención médica del cáncer mamario: el caso del Instituto Mexicano del Seguro Social (2005), muestra que su costo estimado de atención del CaMa por paciente durante cinco años (el lapso promedio necesario) es de 284, 798 pesos. Esto desde los estudios de detección. Cuanto más avanzado el estadio, su costo aumenta sensiblemente. Reportan que en Estadio II es de $341, 259 y en Estadio IV de $481,475. Tomando en cuenta que en el Hospital de Oncología del IMSS, entre el 35 al 50% de los casos de cáncer mamario se diagnostican en Estadio IIIC, el gasto rebasa totalmente sus capacidades. De acuerdo a la investigación Westernizing women’s risks? Breast cancer in lowerincome countries (2007) publicado en The New England Journal of Medicine, el 66% de las defunciones por CaMa que ocurrieron en México entre 2000 y 2004 se pudo evitar si contáramos con el equipo de detección (mastógrafos) y el personal calificado suficientes. Este índice alcanza 75% en el DF. Actualmente, la red de atención médica a pacientes con cáncer de mama está constituida por 23 Centros Estatales de Cáncer (CEC), junto con las Unidades de Oncología del Hospital Juárez, el Hospital General de México y el Instituto Nacional de Cancerología; todos ellos acreditados por el Seguro Popular. Se estima que se requeriría del triple para ganar la lucha.

Al parecer todo dependerá –como en muchos otros casos- de la transparencia del gasto público y de los adecuados presupuestos. O, como se está observando, de la capacidad de las asociaciones civiles para cubrir sus fallas.
Las cifras de todos los estudios e investigaciones antes mencionados, aseveran que menos del 20% de las mexicanas sabemos cómo aplicar una autoexploración correctamente o lo hacemos con frecuencia. Más del 70% -incluso en embarazo- no acuden anualmente al ginecólogo. Más del 50% de quienes se han detectado ‘una bolita’ no buscan un diagnóstico, o lo hacen hasta tres años después. La enorme barrera sociocultural prevalece: total desinformación o desinterés para obtenerla, aunadas al machismo, a la prohibición de sus parejas a que sean tocadas o vistas por otro hombre, el médico. Llegan a nosotras, decenas de alertas para concientizarnos sobre el cuidado de las mamas. Sólo un ligero porcentaje atiende el mensaje.

La respuesta a la alta mortalidad por CaMa en nuestro país, la tenemos. La elevada tasa de casos se encuentra en profundo debate. Algunos afirman que la mayor incidencia en los últimos años está en que se ha dado una mayor detección, pese a nuestras enormes limitantes. Muchos otros, específicamente el INCAN y la American Cancer Society, presumen que se debe a factores hereditarios, de raza, alimentarios, a que en zonas como la nuestra se comienza a menstruar a temprana edad (11 años promedio), a la disminución de esta edad de menarca en los últimos años por factores como obesidad infantil, a que en dichos países es mayor el estrés y menor la calidad de vida; a una irresponsable administración y dosificación de hormonas de reemplazo en el climaterio; en el tipo de hormonas anticonceptivas utilizadas en décadas pasadas, las cifras de obesidad femenina y el aumento de fumadoras y bebedoras. No hay respuestas definitivas, pero, las cifras están hablando.

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