Uno de los errores comunes en los que caemos las parejas consiste en querer excitar al otro jurando que lo más efectivo será lanzarse a estimular directamente los genitales. Ya saben, atacar directo al pene de él y comenzar a deslizar las manos o peor, dar de tirones. O bien, los hombres, apenas una pone cara de ‘bueno, sí quiero’, meta la mano directamente a los chones y trate de introducir sus dedos o frotar el clítoris así en frío y en seco, obvio. Esto -a menos de que el caso sea el típico  ‘rapidín arranca ropa’, donde ambos por una previa situación se encuentran muy excitados y lo único que quieren es ir al grano- no promueve que una persona logre erotizarse ni excitarse de manera eficiente, lo cual muchas veces se traduce en insatisfacción o problemas para alcanzar el orgasmo o mantener una erección.

Ejemplifiquemos un caso femenino. Está la parejuca muy contenta viendo la tele y de pronto a él se le alborota la hormona. Si, con el fin de ponerla a ella en el mood, su manera de encenderla es estimulando directamente sus genitales, ella encontrará complicado integrarse al juego con todo ímpetu por el simple hecho de que su vagina aún no está lista. El cerebro es el primer órgano sexual que debe estimularse, porque de él provendrá todo. Ella necesita palabras, besos, quizás algo de dirty talk, roces en la piel, que sus pezones sean estimulados manual u oralmente, masajitos; al menos unos tres, cinco minutitos (tampoco lo hagan reloj en mano), de ese modo, la vagina logra relajarse, lu -bri-car- se (importantísimo) y con esa misma lubricación permitir que el roce al clítoris sea agradable (que digo agradable, ¡agradablísimo!) y si desean introducir los dedos a a vagina, no sea doloroso.

Si todo lo anterior lo hacen en seco, duele, el clítoris se puede rozar y al ser extra sensible, registra esa estimulación que resulta entre rico-dolorosa y molesta-excitante generando una traba para lograr el orgasmo. O llega pero después de un esfuerzo largo y no es tan profundo o tan intenso.

En el caso de los hombres y pese a que pueden conseguir una erección en entre cinco y treinta segundos, tampoco crean féminas mías que son robots. Ellos también necesitan que los chambeen. Nunca falta la que sintiéndose toda una pussy cat doll, le baja el zipper y aborda en seguida el pobre pene que debe tener cara de ‘¿y ora?, ¿por qué me despiertan?’ y trata de erectarlo tirando de él. Sí, funciona más que en las mujeres porque la respuesta sexual masculina es más pronta pero de repente, al tomarlos por sorpresa (y algunos además se intimidan), esa falta de ‘precalentado del horno’ a nivel cerebral, lo único que provoca es que la erección no llegue o llegue forzadamente y la eyaculación sea complicada de alcanzar o simplemente no logre poner todo el cuerpo en sintonía.

Todo el cuerpo es el que hace el amor, no sólo los genitales. Hay que prepararlo todo. Si nos acostumbramos a omitir el paso a paso (que además es delicioso), con el tiempo las relaciones se harán mecánicas y poco satisfactorias. ¿Quedamos? ¿Entendido y anotado?

Ese tipo de cosas pueden hasta provoca peleas o discusiones de cama, porque si ella notoriamente está seca o con cara de ‘tengo que calentarme, tengo que calentarme pero no puedo’, el hombre puede empezar a sentirse ofendido y vulnerable. Y comienzan las preguntas y los juicios a sí mismo. Y si ella no provoca que él tenga una erección, va lo mismo pero al revés ‘¿Ya no te gusto? ¿En quién piensas? ¿Ya no me quieres?’ blaaaa, blaaa, blaaa. Evítenselo.

Y por cierto ¡comenten maldita sea! Digo…perdón ¿por qué no comentan amados míos? Es increíble que de miles de visitas que llegan a diario, haya menos de cien comentarios. ¿Anden sí?

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