De acuerdo al Instituto Mexicano de la Juventud, siete de cada diez jóvenes viven violencia en su noviazgo. Evidentemente estas encuentas y cifras recientes son increíblemente preocupantes ya que -como ya se ha mencionado en diversos estudios- y resulta más que obvio, la violencia en el noviazgo es la antesala de la violencia intrafamiliar. Y es que convivimos con ella como el pan nuestro de cada día. Pensamos que ‘violencia’ significa que haya moretón y madrazo, que llegue la patrulla dado el zafarrancho o una de las partes termine en el hospital después de una santa golpiza. Dicha reciente encuesta revela que el 70% de las parejas viven empujones, jalón de cabellos, cachetadas, gritos e insultos en el momento de una discusión -y evidentemente dados nuestros niveles de estrés, inseguridad y falta de conocimiento y tratamiento de las propias emociones- cada vez menores detalles merecen un mercado de lágrimas. Esto genera una línea de continuidad porque precisamente tres de cada 10 de los jóvenes que viven este tipo de situaciones, viven violencia en casa o ven de manera consuetudianaria que sus padres se hablan de manera grosera, discuten acaloradamente o llegan a las agresiones físicas. Y claro, lo que mamamos desde la infancia genera en nuestras cabezotas un molde de normalidad, de cotidianidad. Esto, hasta que alguien tiene el valor y las ganas de vivir de manera libre y se hace conciente de esas sustancias venenonosas que mamó en casa y las trabaja, ya sea de manera individual o con ayuda de un profesional.

Es así que, en ese orden, cuando se comienzan relaciones, la violencia parece más que natural, parte del amor, y hasta un incentivo a la pasión -cobijada por ideas retrógradas como que de esa forma se intensifica y se vive el amor de manera más excitante. Igualmente sucede que en una primera o primeras relaciones esto no sucede, pero tras unas cuantas te encuentras en medio de una relación con dichos factores presentes. Por lo regular solemos culpar a la otra parte: ‘Esque esa vieja está loca y hace que él se comporte así’ o ‘Esque el guey es un enfermo y hace que la pobrecilla salga de sus casillas’. Todos, to-dos, tenemos propia resposabilidad cuando incurrimos en conductas violentas o agresivas. De repente nos encontramos con una personas que precisamente aflora todos esos demonios que teníamos perviviendo en nuestros oscuros rincones emocionales; pero éstos, ahí estaban simplemente el ambiente propicio los ‘rescata’. Y hay que trabajarlo, nada de ‘Él/ella me volvió así, yo no era violent@’. No se hagan. Como bien dice mi madre, que es una experta en escuela para padres y desarrollo humano, ‘nos anteneamos’. Vamos como con antenitas buscando precisamente lo similar y el resultado de dos choyas y corazones lastimados es marca ‘llorarás’.

Ahora hay otro apartado de verdad digno de ahondar en él: la violencia no física. Esta, precisamente al ser invisible es más compleja de detectar y de aceptar. Estp incluye celos, manipulación, constante presión, demandas desde de actitud hasta sexuales; control puro. Aquellos que todo el tiempo están monitoreando a su pareja desde cóm ose viste, con quién habla, le checa el mail, el teléfono, le arma una serie de pedos si sale de su molde, si apenas se atreve a incurrir en alguna acción con la que no esté de acuerdo y casi siempre estos tipos y tipas (porque aquí el género nada tiene que ver) se disfrazan de parejas preocupadas por el otro, enamorados y atentos. Lo cierto es que están violentando y quien vive con ellos o los ama lo sabe pero está dentro de un mundo frágil, inestable, como estar parado encima de un campo minado y tienen tanto miedo de estar ahí como de tratar de escapar de él. Hay enorme culpa, porque te sientes malagradecido ante una persona que no sólo te ama, siempre “vela por tu ‘bien'”. Es urgente buscar ayuda en cualquier caso para uno mismo o para nuestros hijos, amigos, hermanos, etc. que vemos dentro de este tipo de relaciones podridas. Precisamente el Instituto Mexicano de la Juventud  está realizando un servicio impresionante al respecto. Ha creado una línea y un sistema de SMS a través de la que cualquier persona viviendo estas situaciones pero no sabe cómo escapar de ellas, o conoce a alguien en este proceso, puede solicitar información, ayuda, orientación, etc. De verdad si están pasndo por esto, acérquense. Es gratuito y serán atendidos por psicólogos jóvenes que de verdad pueden ayudarles a cambiar su vida y un futuro poco prometedor. Ya que quienes sigan en esa línea de relaciones es obvio y enormemente probable que tendrán matrimonios con este patrón, donde nuevamente heredarán los comportamientos y la normalidad de la violencia en pareja. Vivir así no es vivir, el amor no duele, el amor no tiene por qué lastimar, violentar, pasar sobre nuestros derechos, limitarnos, angustiarnos, presionarnos. Eso no es amor, ¡carajo!

Las líneas son 01800 22 80 092 o pueden mandar un mail a noviazgosinviolencia@imjuventud.com

Por favor! Permítanse vivir sin violencia y tengan -ni modo- los ovarios o los huevos para aceptarlo y salir de ahí.

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