Bastante desagradable le resulta el semen a algunas personas. Casi siempre se le denomina una sustancia viscosa y que merece asco. Lo cierto es que por siempre ha sido significante de fuerza; el espíritu o ‘poción’ que contiene la virilidad, el néctar de la masculinidad. Aunque en la gran mayoría de las sociedades actuales ya no es considerado poseedor ‘poderes mágicos’, hay rinconcillos del mundo donde prevalece un verdadero culto alrededor de éste.

Ese es el caso de algunas tribus de Melenesia (Oceanía), quienes consideran importante que los niños reciban semen para que crezcan y se conviertan en hombres fuertotes, fértiles y sanotes. Como se sabe que en la infancia no se produce, durante toda esta etapa y hasta la adolescencia (exactamente cuando el varón tiene su primer polución nocturna; sí, los mal llamados ‘sueños húmedos’), se les administran diariamente cantidades especiales de esperma. La vía de administración puede ser ORAL  o ANAL. Miren que la cosa debe ser desagradable (y nosotros nos quejábamos en la infancia de los supositorios). Todos los paisanos colaboran y por lo regular es el padre quien -como herencia- hace el guardadito diario para que sus hijos reciban su dosis.

Lo que cae en lo preocupante son las posibles enfermedades e infecciones que pudieran adquirir los niños, sobre todo cuando reciben su semen de cada día vía anal, claro lo hacen a través de mangueras, no crean que hay abuso.

En fin, ¿verdad que da gusto haber nacido en países más desarrollados cuando se escuchan este tipo de costumbres lejanas?

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