El cerebro masculino se enciende con estímulos visuales. Su amígdala cerebral, el centro de control emocional de nuestro complejo sistema de cableado en el coco, se activa de manera más intensa que la nuestra incluso ante estímulos similares. Les gusta ver, fisgonear y sus fantasías parten más de la imagen que de la emoción (nosotras tenemos fantasías más complejas, con más historia y correlaciones, no sólo con una imagen). O sea, ellos al ver una foto de tremenda mujerona, tienen suficiente para sólo trasladarla a una situación, donde claro ellos son protagonistas. Nosotras vemos al tipo que nos activa la erótica, y desdoblamos de ahí una serie de aspectos desde cómo nos seduce, qué dice, cómo se acerca, a dónde va a parar la cosa para poder instalar una casi novela a la fantasía. Nuestro imaginario erótico amplía la gama de posibilidades sexuales. Ya saben.

Lo importante es convertir en una herramienta dicha capacidad cerebral masculina. A nuestro favor, claro. A partir de una imagen que los encenderá -basémonos en un básico que les hace hervir todito: la lencería. Saben que nos la van a quitar, o que quizás valdrá la pena sólo deslizarla para continuar viéndola durante la contienda, lo cierto es que representa una perfecta envoltura del regalazo.
La elección es importante, porque crea información implícita respecto al mood e incluso cómo se darán las dinámicas. Si te pones un coordinado de tanga diminuta y un brassiere de encaje o si eliges el clásico babydoll (que ya no tienen nada de ‘clásicos’ porque hay algunos espectaculares); o hasta algo como Esto

Body_Stocking_Sweet&Spicy

un bodystocking es obvio que estás marcando una pauta sobre lo que esperas que suceda. Tú lo conoces o puedes descubrir ciertas dimensiones de sus fantasías así que opta por algo muy tú o muy el rol que quieras adoptar para iniciar las dinámicas amatorias. Los roles sexuales son poderosos: ya sean los ‘personajes’ tipo inocentón y dulce que se traduce en su imaginario como una posibilidad de seducir y controlar o algo más en lo femme fatale que los traslada al deseo de ser controlados o dominados.

Ahora, hay tanto cliché regalado de las películas (no sólo las porno) respecto a salir del baño para sorprenderlo enfundada en tu lencería y modelarle -ahora sí que el modelito-, o aplicar el baile tipo table; o la mujer que abre la gabardina, que la mayoría se va por esas pero hay que ser más creativa. Precisamente la idea es crear el escenario que sabes o imaginas que puede funcionar. El factor sorpresa es indiscutible porque creas un shock visual que activa y lo hace producir un coctel químico de excitación, al acto.

También, tengan en cuenta el momento porque luego vienen las desilusiones: por ejemplo, ya te veo caminando muy ‘ufana’ frente al televisor con tu atuendo spicy y en plan de dominatrix, en tanto están pasando su partido de fút. No quiere decir que no lo vayas a sorprender o que no te veas atractiva pero el cerebro masculino no puede atender dos cosas al mismo tiempo. Es científico. Sus hemisferios no pueden chambear al tiempo y por ello si su foco está en algo, el factor sorpresa no será tan penetrante si lo agarras durante una actividad que le interese o emocione.

Respecto a ti. Ya demasiadas posturas ideológicas y filosóficas nos han instado a darnos cuenta de lo únicas que somos y que si no tenemos el cuerpo de una modelo de Milán igualmente somos poderosas sexualmente pero aún hay cierta reticencia en algunas mujeres para aceptar su perfección única (porque ninguna otra en el planeta es idéntica a ella) y el asunto de usar ciertas prendas las aterra o echa a andar sus demonios personales. Por favor, ¡exorcícenlos ya! Y déjense ver, descubrir y se van a sorprender de lo ustedes mismas como amantes. Un buen atuendo nos cambia la dinámica como no tienen idea!

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