Una amiga anoche leyó mi artículo de Women’s Health, fue una sección especial de sexo, hablé de la importancia de integrar los juguetes sexuales a la  dinámica de pareja. Me llamó en cuanto terminó de leerlo. De hecho, no se había dado cuenta que yo era la autora. Ese es una de los hábitos que tienen la mayoría de los lectores de revistas, nunca ven quién los escribe. Cuando descubrió que venía de mi puño y tecla, tomó el teléfono y en cuanto contesté, gritó ‘¡Acabo de leer un artículo tuyo!’. Y platicamos sobre eso, ella decidió que mañana mismo comprará un juguetito para ella misma. Una vez que se ‘aclimate’ a él, le propondrá al susodicho que le eche una mano. Espero ‘inspirar’ a más mujeres que lo lean. Ya es hora de quitarle la mala fama a los artefactos de ayuda sexual. No obstante, siempre que pensamos en juguetes, lo primero que llega a la mente es un enorme dildo, casi casi de tres cabezas. Y la variedad es infinita. De acuerdo a Laura Berman, profesora asistente de las áreas de Obstetricia, Ginecología y Psiquiatría en The FeinbergSchool of Medicine de la Universidad del Noroeste y autora de varios best sellers como ‘Real Sex for Real Women’ -a quien cité en el artículo- lo mejor es comenzar con los juguetes a solas y después compartirlos, para poder crear una atmósfera de mayor confianza.

Quizás el camino hacia la emancipación de los juguetes sea promoverlos para la autosatisfacción. Como hombres ya saben de las fundas y ‘vaginitas’ de látex pero esto me pareció bastante atractivo: el hot n’ handy.

Luce un poco amenzante pero sus puntitas son de látex súper suave y lo único que crean es mayor fricción, claro debe estar perfectamente lubricado. Y ya en pareja, puede servir para acariciar toda zona deseable. Um, no suena mal. ¿Qué tal señores? ¿Se comprarían uno?

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