Hay un gran mito con respecto a esto. Cuando los azares de la vida han puesto en manos de cupido a un par de primos hermanos, las familias suelen ponerse heavies porque piensan que van a tener por hijo al hombre elefante. En general todos los nacimientos representan un riesgo pero cuando el bebé es producto de una relación entre primos carnales puede aumentar; sin que sea demasiado alto. El profesor de ciencias genéticas y medicina de la Universidad de Washington, Arno Motulsky, afirma que entre la población general el índice de riesgo de que un niño nazca con un problema grave es del tres al cuatro por ciento y en los hijos de primos hermanos aumenta entre un 1.7 a un 2.8 más. En general, en el 93 por ciento de los casos entre primos nada ocurre. Seis estudios mayores realizados por la Sociedad Nacional de Consejeros Genéticos (EU) entre 1965 y 2000, concluyeron que el incremento de los defectos genéticos en hijos de padres de la misma familia se atribuyen a que ambos son portadores de los mismos genes que causan enfermedades. El conflicto se da cuando los genes recesivos (que no tienen impacto en las personas que tienen una sola ‘copia’ en su configuración genética), se vuelven dominantes porque el bebé recibe una ‘copia’ de su padre y otra igual de su madre. Así que no hay gran riesgo en aplicar ese pregón de ‘A la prima, se le arrima’ (salvo que su tío les colme el pescuezo de balazos). Muchos primos hermanos famosos se aventaron sus buenos críos como Carlos V e Isabel. Claro que se hacía con el propósito de continuar la raza real pero engendraron hijos sanos.

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