Hace un par de noche platicaba con un amigo con respecto de otro. El susodicho tema de plática, lleva mucho pero mucho tiempo sin pareja, algo así como siete años. Y presumimos, aclaro, presumimos que es virgen. Claro, ahora a su edad, las chavas con las que podía salir, son veinteañeras que tienen más conocimiento de las artes amatorias y que esperan, obviamente, que el hombre con el cual se encamarán, tenga ciertas estretegias ensayadas. El sexo, o más bien, ser un buen amante es como todo: se basa en la práctica, en la prueba y el error y en mantenerse dispuesto a experimentar. Nunca se termina de aprender, es por eso que me moleta tanto cuando las personas de más de 40 años creen que su clímax sexual ha pasado y que ya no hay nada por saber, sin darse cuenta que nunca acabarán. En fin, el punto es que todo tenemos derecho de elegir el celibato o tener que aguantarlo por mútiples razones. No obstante, por supuesto que genera algo de ansiedad y temor el retomar. O el comenzar, cuando socialmente suponemos que ya estamos en una edad avanzadita y deberíamos tener la sartén por el mango en la cama.

Este chavo que conocemos, creemos que está pasando por eso. No se ha llevado a una chamaca a la cama desde hace años, o quizás nunca y ahora teme parecer un pelmazo con alguna de su edad. O bien, teme tener que acudir a una secundaria a conseguirse una novia (y ni esas porque algunas ya le dan varias vueltas hasta a mi mamá). La cosa es, ni modo, atreverse. Darse, entregarse y armar el experimento. O si no, se volverá una bola de nieve: más tiempo pasará y más temor llegará hasta terminar como el de ‘Virgen a los 40’. Como mujer, eso no implica grandes problemas, aunque hoy por hoy (y a Dios gracias) los hombres suelen apreciar mucho más a una mujer que sabe cómo menear el bote en la cama, finalmente para muchos (bastantes) el que seas un pimpollito inexperto resulta un regalo, aunque tengas 35. Les parece cute, una cosa por descubrir donde ninguna otra mano humana ha hecho de las suyas. Pero cuando se es hombre, ¡ay nanita! ¡vaya la presión! Desde mi punto, la respuesta es obvia, ‘Tome usted su par de pelotas, tome valor y láncese a conocer una mujer que le agrade y aunque le sude la nuca (a usted), aviéntese y que comience el show. Por supuesto, omitir comentarios y alardeos para hacerse el gran amante con el fin de evitar que la otra persona lo tilde de mentiroso. Y quizás, si es cómodo, comentar que el sexo no ha sido lo suyo desde hace un buen tiempo’. Digo, también hay mujeres a quienes les causa ternurita eso del chico inexperto.

Mi amigo, decía que pensaba sugerirle acudir con una sexo servidora, o varias. A modo de entrenamiento. Yo no comparto esa idea. Me parece que el sexo con dichas servidoras, lo único que ofrece es un desfogue, un ratito y corto, de llegar a o que vas, eyacular, pagarle e irte. A menos que sea uno de esos servicios, que o estoy segura que existan formalmente, en que la trabajadora se instala contigo por horas a que experimentes, te de sus mejores técnicas y realmente haya aprendizaje. ¿Ustedes qué opinan? ¿Qué debe hacer este ‘virgen’ o ‘semi virgen’ a sus 30?

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