No podemos ignorar que algunos miembros de la comunidad gay-bisexual aceptan que hay quienes ejercen una bisexualidad por orientación y quienes lo eligen, incluso sin previa ‘evaluación de riesgos’.

El debate es claro. La premisa sería comprender que la sexualidad es un universo tan amplio y lleno de complejidades, como complejos somos los seres humanos. Tendríamos que acudir hasta los padres de la sexología, la psicología y el psicoanálisis. A Alfred Kinsey y Freud, se les debe grandes aportaciones que son la base para la revisión sobre la sexualidad en general y la bisexualidad en específico. A Freud le debemos el haber diferenciado a la sexualidad psíquica de la sexualidad biológica, planteó que todas las personas son bisexuales por naturaleza y que conforme pasa el tiempo se vuelven homosexuales o heterosexuales según sus relaciones con los padres y la sociedad. Se refiere a una bipolaridad del deseo, no del sexo, ni del género. Kinsey declaró la existencia de una preferencia intermedia y que únicamente nos centramos en los extremos, heterosexualidad u homosexualidad, cuando existe una amplísima gama de opciones entre estas dos orientaciones. Pero socialmente se han mermado al grado de volverse violentas, impúdicas y prohibidas.

Precisamente las aportaciones de Freud y Kinsey han permitido ampliar los espectros pues basados en ellos se han realizado diversos estudios posteriores gracias a los cuales se han encontrando que existen muchas formas de estilos y atracciones como las fantasías con personas de ambos géneros, los encuentros ocasionales con personas del mismo género, ya sea por experimentar, por curiosidad, por estar bajo encarcelamiento, etc. Estaríamos hablando entonces de las diferentes manifestaciones y expresiones que hay en la sexualidad y no, necesariamente, de orientaciones.
Bajo esta postura, podemos tener un panorama mucho más certero, tal vez haya cosas que no haríamos nosotros pero los usos y costumbres son los que crean los conceptos, las leyes y los argumentos y por lo tanto merecen respeto y tolerancia. El punto de si es una orientación o un gusto, sólo lo pueden definir cada caso en particular. Aunque, cada vez son más los sexólogos y sexólogas optan por utilizar el término ‘orientación’ para la bisexualidad pues ésta apunta sólo a nombrar hacia cuál sexo-género se orienta la atracción tanto erótica como afectiva que una persona puede sentir por otra. En tanto que ‘preferencia’ se presta a que se entienda que es una decisión tomada voluntariamente por la persona.
Cada uno no elegimos nuestra orientación sino que la descubrimos. Si sentimos atracción afectiva por alguien del mismo sexo, se genera confusión, inadecuación, vergüenza y sobre todo miedo, no porque eso conlleve la homosexualidad en sí misma, sino porque ya aprendimos que esta cultura marca que la heterosexualidad es la orientación que todas las personas ‘deben tener’ y cualquier otra es rechazada. En el caso de la bisexualidad se va descubriendo conforme se van viviendo estas atracciones eróticas y afectivas. Si primero les sucede con personas del género diferente al suyo y después del mismo género, la confusión puede suceder en ese segundo momento. Si es a la inversa, puede pensar que es homosexual y después sentir más confusión. No necesariamente se presenta esta atracción por personas del mismo género y del otro género al mismo tiempo; la bisexualidad no debe ser entendida en términos de 50% y 50%.

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