Buenas tardes navideñas tengan todos ustedes, que para muchos de nosotros parecen mañanas navideñas porque vamos abriendo el ojo. El horario se voltea por completo, yo tengo ahorita esa sensación de modorra como si fueran las nueve de la mañana y son más de las tres de la tarde. La cosa es revoltear el horario, cuesta un demonial.

Espero que hayan pasado unas fiestas maravillosas y hayan comido rico, bebido agusto y recibido todo lo que esperaban. A mí me fue de lo mejor. Aunque claro, al ser la primera Navidad sin mi papá, hubo momentos en que la cosa se puso emotiva y medio  aletargó el festejo, pero también esos recuerdos son parte del festejo; no cabe duda. Me espera el recalentado en casa de mi madre en un rato. ¡Y aquí vamos de nuevo mi querido intestino que amanciste mentando madres!

¿Alguno por aquí tuvo noche sensual navideña? Hace algunos años escribí -a petición de mi ex editor JP- un artículo para Men’s Health sobre una noche de sexo navideña. Y recuerdo haberla enfocado a unos días antes o después porque para ser sinceros, la gran mayoría de las personas no utilizamos la Noche Buena para una sesión sexual con copos de nieve y disfraces de sexy-santa. Son fechas en que vuelves tan cansado y empachado de tanta comida, que lo único que quieres es dormir. Es como la noche de bodas. Hay un gran mito alrededor. Mucha gente se imagina que pasarás la noche de sexo más candente de tus juventudes, cuando después de la fiesta tremenda, los nervios, el brindis y la atención a los invitados; cuando llegan a la suite nupcial, lo único que ambos quieren es quitarse el vestidazo de tres kilos, el velo; él, el traje de pingüino y dormir porque el vuelo hacia la luna de miel sale en unas horas. Salvo los que tuvieron una boda tranquila y pequeña y que terminó temprano, creo que pueden presumir de una noche de bodas marca ‘orgasmo inaudito’. Los demás, sólo se tomaron la champaña de cortesía y durmieron.

¿Quién tuvo la suerte de celebrar Navidad anoche entre los muslos de su pareja? Yo, llegué, me empiné un Picot (algo así como un Alka-Seltzer mexicano), me quité el vestido que ya me apretaba de la barriga llena, me lavé los dientes, adiós maquillaje y ronqué. Que lo sigan pasando divino. Vengo al rato.

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