Y aquí vamos con las herramientas del post anterior.  Herramientas que fomentan que te responsabilices.

Del delegar a perder voz

Hay otra trampa que quizás no hayas detectado. Un buen medidor de ello son los hijos o la toma de decisiones que conciernen a los dos. En ocasiones, en una búsqueda de ‘dividir la carga’ o delegar, termina por ganarte –literal- la pereza y te desconectas. Por ejemplo, estás demasiado ‘ocupado’ para involucrarte en el desarrollo escolar de tus hijos o del colegio al que deben ir. O hasta para opinar sobre el lugar al que deben ir de vacaciones. Entonces, al no integrarte, se asume que sólo dirás que si y si tienes que, extenderás el cheque correspondiente. Un día, de pronto, quieres ir en contra, y puede resultar tan sorpresivo que ni siquiera te den voz. Te sientes manipulado o invisible, pero en realidad  tú decidiste regalar tu voz porque no participaste de inicio.

Aplícate
>Interésate. La única manera válida de opinar sobre cualquier tema, es teniendo conocimiento de sus variables y de la situación.
>Autoridad no significa imposición. Es un derecho, un poder de influencia que se gana.

La peligrosa comodidad
Por otro lado, es cómodo, que otros nos ‘guíen’, en especial la pareja. Porque además nos sentimos tan arropados y acompañados. Al grado que tu mujer puede intentar controlar hasta dónde y cómo debes guardar tus calcetines.

Aplícate
>El instinto maternal puede ser mordaz en muchas mujeres. De pronto aviva nuestro ímpetu controlador y –con base en el amor y el cuidado- puede convertirlas en madre de su pareja. Detecta cuando tu mujer esté (por tu bien) tratando de controlar cada uno de tus pasos. En tanto no se trate de un asunto de salud que te niegas a atender, una adicción o un asunto que estás imposibilitado de asumir, hazte cargo. Hazle ver que no eres su hijo. ¿Cómo? Dejando de ser tan comodino.

Escúchate y escúchala
‘Escanea’ tu realidad. Si estás notando que simplemente vas con la corriente guiada por la mano de tu mujer y –obvio- esto te está confundiendo sobre tu verdadero valor, comienza por escucharte. Puede sonar ñoño, pero pocas veces te das el tiempo para preguntarte cómo estás y hacia dónde estás girando tu vida. Qué parte del rumbo que has tomado te está o no satisfaciendo y hazlo saber. Díselo. Y escucha su opinión teniendo claro en la cabeza qué es lo que quieres.

Aplícate
>Recuerda, responsabilidad propia. Si comienzas por plantear tus necesidades comenzado con ‘Lo hice por ti o porque tú me dijiste’, ya perdiste.
>No te victimices. No eres San Sacrificios, tú lo decidiste. ¿Quieres cambiarlo? Da opciones, no culpas.
>Contundencia. No puedes decir, ‘No sé qué es, pero no me hace feliz esto’.
>Aprende a escucharla. Detecta en qué momento su concepto de bien común es el que compartes y qué partes de su opinión debes o no ‘comprar’. Si no estás de acuerdo exprésalo –nuevamente- sin culpar ni victimizarte o adjetivarla negativamente. Tampoco tratando de mostrarte como un macho a la antigua entre gritos e ínfulas de imperialista.
>Comienza tu conversación afirmando “Estoy listo para tomar esta decisión y voy a hacer esto”.
>Deja claro que estás en un proceso de modificación (con otras palabras, claro). Y que requieres de su apoyo. Tú también estás abierto a escuchar qué es lo que ella cree que perdió en su dirección. Sé objetivo, ella también ha dado y sacrificado.

Hazle saber que estás dispuesto a colaborar

Del debate al control
Con seguridad, las ocasiones que has expuesto inconformidad sobre algo que ‘se decidió’ sin tu opinión, han terminado en pleito y no han llegado al menor acuerdo: en cuanto se les pasa la furia todo retorna a su lugar. El plan es debatir. Reacomoden sus dinámicas de discusión. Cuando intentas imponer tu voluntad lo único que te empuja es tu necesidad de control. No es una guerra, no estás pasando de nivel en un video juego bélico, es tu diseño de realidad. Dejen a un lado el control.

Ella ya se acostumbró a la lucha de poderes. O quizás aprendió, como tú, que la única forma de ganar es sometiendo. Por lo tanto se pone a la defensiva ante la mínima discrepancia.

Aplícate
>Evita la lucha de poderes. Equidad. No se trata de ver quién es más fuerte o quién tiene la última palabra sino de dirigirse ambos a un mismo punto, negociando. No se manipulen, utilizar las emociones para lograr que el otro actúe u opine lo mismo (aunque sea de manera sutil) es lo más sucio.
> Di algo como “No estoy tratando de llevarte la contra sino de que me expliques por qué se está haciendo esto de ese modo y darte otras opciones para que encontremos la más ventajosa para ambos”.
>Ok, aceptémoslo, puede ser que ella sea manipuladora. Hay un alto porcentaje de su provecho en lo que ella vendió como el provecho de ambos. Sus medios son simples, hacerte sentir culpable o que eres un egoísta. Invoca razones que parecen tan lógicas para hacerte cumplir sus demandas, que se las ‘compras’. Dependiendo de su capacidad para asumirlo y dejar el chantaje, podrás negociar. Suelen necesitar un No rotundo, un límite que les aclare que esta vez no se hará su voluntad.

Factibilidad

Digamos que ya estás decidido a estructurar tu vida consciente de tus necesidades, ya te responsabilizaste, y asumes que abandonaste ciertos aspectos por encajar en el modelo de pareja. Ahora, requieres tener la cabeza fría para bosquejar tu plan de acción. Habrá muchas situaciones que puedas modificar o rescatar del olvido pero algunas necesitarán descartarse o ciertas adaptaciones con base en la objetividad.

Aplícate
>Agradece lo mucho que ella te ha poyado (sabes que su idea era provocar un bien), y haciéndoselo saber plantea lo que deseas recuperar, ya sea un pasatiempo, el rumbo de tu carrera o un asunto en casa,  con conciencia de factibilidad.
>No des por hecho. Impide dejarte caer en la trampa de culpar para maquillar el miedo. Creer que a ella no le va a parecer o que eso sólo les traerá problemas es pretextar.

Atrévete.
>Don dinero. Como siempre, sobre todo cuando se trata de abandonar un trabajo que te ahoga para hacer lo que en realidad deseas (y que a ella le parece una locura, ‘¿cómo van a pagar las deudas?’), el gran obstáculo es la economía. Que no te frente. Haz un plan de flujo financiero, de ahorro o de ‘recorte’ de gastos y pide apoyo de tu familia. La mayoría de las personas que nunca lograron sus metas pusieron como pretexto el dinero. Suelta la zona de confort.

Por último, date dosis de presente. Tampoco te ensimismes enlistando lo que no tienes o lo que ya no lograste por haber perdido tu voz. Lo único que tienes es este momento, mismo que te permitirá crear la realidad subsecuente que ahora sabes que mereces.

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