Todas hemos escuchado historias de parejas de todas las edades que reciben la noticia de que serán padres sin planificarlo. Según la Organización Mundial de la Salud cada año en el mundo se dan más de 87 millones de embarazos no deseados, de éstos 45 millones terminarán en aborto. El asunto es de los temas más debatidos donde intervienen todo tipo de ideologías: derechos feministas, del no nato, aspectos morales y religiosos, éticos, un sinfín de visicitudes y claro,  al final la pregunta que surge es ¿qué hubiera sido lo mejor? ¿Un niño con un patrón y calidad de vida deficiente que va a cargar hasta la edad adulta? ¿Un futuro incierto y aparentemente truncado de la madre o los padres? ¿Una vida que se salvó pese a que su llegada no era esperada, que inexorablemente recibirá el impacto de este ‘detalle’? Y la respuesta lógica es HABERLO EVITADO. Haber prevenido y no llegar a dicho embarazo. Pero las experiencias nos dicen otra cosa.

En los últimos años y gracias al Internet, se ha diseminado mucha información sobre cómo interrumpir un embarazo en onda ‘hazlo tú misma’. Hay chats donde las chavitas se dan consejos unas a otras sobre brebajes y qué hierbas comprar en el mercado, pastillas que se ingieren o introducen en la vagina (y que incluso se pueden comprar en línea), lavados, duchas, introducción de objetos para desprender al producto. Irreal, no entiendo cómo no han hecho nada las autoridades al respecto. Son asuntos, literal, de vida o muerte.  Hasta  las ‘hierbas’, implican riesgos altísimos que pueden llevarlas a la tumba. Las mismos sitios de venta de las pastillas famosas que interrumpen el embarazo (que en realidad son fabricadas para tratar la úlcera péptica) advierten que si presentas sangrado muy abundante, coágulos o dolor intenso debes correr (right now) al hospital. Lo preocupante es que entre cuatas se pasan la ‘receta’ y muchas no la cuentan. Pero como buenas ‘mexicanas: a mí no me va a pasar’, no medimos el potencial de muerte, consecuencias físicas y emocionales que todo esto representa.

Sí, se comprende, si un embarazo no planificado para una pareja de adultos -que en una de esas hasta casados están o viven juntos- es un trancazo, una movida total de vida; ahora para una chavita sola o una pareja de chamacos, se quintuplica. Y claro, en ese momento la angustia es tal que si te dicen ‘escuché que se puede interrumpir un embarazo si te avientas de un bongie encuerada’, eres capaz de hacerlo. Y cuando justo se habla de interrupción del embarazo quien tendrá la última palabra es quien está plantada en esos zapatos llenos de piedras y en total pánico. No se pueden emitir juicios de valor. Aunque las cifras nos duelan: 68 000 mujeres al año mueren practicándose abortos de este tipo así como clandestinos: desde la legalización de la interrupción del embarazo en el DF se les ha practicado a  casi 30 000 mujeres entre 11 y 24 años.

Sabemos la numeralia, ¿por qué no hacer algo en lugar de seguir uniéndose a las estadísticas? . Según la CONAPO, en México sólo hoy pueden salir embarazadas sin desearlo más de 2000 adolescentes, se calcula más de un millón al año. 

Ok, pongamos a una chava que va comenzando vida sexual, integrándose a este grandioso mundo. Es casi obvio que no va a contar con un método anticonceptivo mensual recetado por el ginecólogo antes de dar el ‘sí’ o que la hormona, el enamoramiento (y esperemos que no, la presión del chavo), le diga ‘Ya es hora’, esperamos que se ponga un condón. Pero en esa primera vez o primeras veces en que todo es tan excitante pero extraño, por razones lógicas como los nervios, la rigidez pélvica, no hay una lubricación adecuada, o como ambos están descubriendo el modus operandi del asunto, pues se rompe el condón: emergencia No. 1.

Otra: sí todos podríamos decir que de pronto nos hemos encontrado en un momento mágico irrepetible, romántico y cachondo con una atmósfera ideal  que nos envolvió y que no podíamos interrumpir para salir en busca de un preservativo. Ok va, se comprende. Otra  emergencia. Y podemos hacer una lista interminable como ‘Estábamos en plena playa desierta’, ‘En un bosque a kilómetros de una tiendita o una farmacia’, en fin. Ok, se entiende. Pero, ¿no pueden -demonios- en cuanto puedan y antes de 72 horas, antes de la 24 de preferencia, ir a una farmacia y decir ‘Hola señor farmacéutico me da una Píldora de la Libélula de Bayer?!!! ¡Eso sí pueden! Y vámonos, se toman ambas o una y la otra a las 12 horas (para aminorar posibles malestares secundarios) y ya, listo, pasó.

Ah y no se vale el:

‘Bueno, él no terminó adentro’- Mij@s al año nacen 6 millones de bebés producto del coito interrumpido (OMS 2003).

“Ya casi me baja, creo que la semana que entra’- La ovulación puede cambiar sin avisar.

“Acabo de terminar de estar en mis días”- Los espermatozoides viven hasta 5 días dentro de tu vagina, puede haber vivos el día que comienzas a ovular, no e embarazas ipso facto, puede darse hasta cinco días después.

“Creo que estoy en mis días no fértiles”- De nuevo, los cambios en el ciclo menstrual son comunes, sobre todo en la adolescencia por la inmadurez del sistema y no avisa.

O la peor: “Pus si me embarazo, me meto de las pastillas esas que son para la gastritis y que dicen que hace que te baje (o sea abortivos de alto riesgo)”- Menos, puedes acabar en el hospital o en una bonita caja de madera. Y que quede claro, again, la Píldora de la Libélula no te va a hacer abortar, que conste.

En serio, únanse a Libélula SOS y dejen de ser mujeres potenciales en vías de ser madres sin desearlo o evítense el chanclazo emocional, físico y psicológico de interrumpir un embarazo. Por favor. Piquen la imagen de aquí abajo

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