Ahora me parece inexplicable el porqué algunas personas se ponen como chango rabioso cuando su pareja sale ‘de tragos’, ‘a echar la chela’, ‘el chupe’, etc. con sus amigos. Y que quede claro que no es una cuestión de género. Existe el cliché de la mujer encabronada (perdón por el francés) porque el tipo no le avisa que tiene un magno evento al que no puede faltar, léase: la noche de dominó, poker o de simple chisme testosteronezco. Pero también hay muchos pero muchos señores, hombres, masculinos, que arman la gorda si su chica quiere pasarse un bonita tertulia con sus cuatas. Las causas por lo regular son una mezcla de malas experiencias previas, falta de confianza, inseguridad de alguna de las partes, caprichos, en fin.

Debo confesar que en mis tiempos mozos, (más mozos que ahora, jaja) yo sí llegué a montar el tango más cruento cuando el tipo en turno me salía con que ‘Voy con mis compinches a lo que es la borrachera’. Y no es que ‘la burra no haya sido arisca’ pero sí tuve uno que otro especimen que se ganó esa desconfianza. Uno en particular desaparecía, sí de-sa-pa-re-cía por un par de días y no sabías si estaba vivo, en una delegación o simplemente encamado con otra, o bien, ‘sanamente’ borracho tirado con sus amigos. Pero por otro lado también tuve experiencias en las cuales mi inseguridad emergía como la causa sin que hubiera otra. Fui una adolescente muy insegura, poco confiada y con una constante sensación de ser poco valiosa. No son mis terapeutas, así que no ahondaré en las razones (mismas que a Dios -y a la terapia Gestalt, el reiki y mi actual pareja- gracias, he trabajado y dejado ir).

La edad te regala muchas cosas, es donde hasta amas tus arrugas, y sólo con experiencia logré que ahora me parezca inexplicable cómo es que se puede armar un verdadero zafarrancho porque una de las partes de ese ente que llamamos pareja, desee salir con sus cuatachos. Puedo decir que hasta gusto me da cuando mi señor concubino se va de parranda con su horda y claro, amo esas salidas para mí sola y mis amigos. Porque esa era otra, llegaba a no asistir a compromisos con mis adolescentes amigas con tal de estar de chicle con el tipo en turno (no me lo fueran a robar).

La cosa es que es un hecho recurrente y complejo. Muchos dicen que no les gusta porque ‘se quedan preocupados’, otros porque su pareja no tiene límites y una salida se convierte en una peda de tres días, broncas y hastas policías y hospitales, otros porque ya fueron cuerneados en esas salidas (y decidieron perdonar), ¿Cuáles son las suyas? ¿Les ha machacado el corazón que su pareja o alguna ex pareja saliera con sus amigos? Cuenten.

Y bueno para aquellos desconfiados, una conocida cervecera ha creado una solución tecnológica basada en la bonita y humana solución de la mentira. ¿A veces no queda de otra que mentir? Chequen

Cualquier experto en alguna área humanística dirá que no es la mejor idea, la de mentir claro, pero hay quienes opinan que más vale un ‘choro a una madriza’. Un amigo mío alguna vez me dijo “Mira yo amo a mi chava, es perfecta, me siento increíble con ella, pero no va a cambiar. Y si ya sé que salir con mis amigos implicará una pelea de dos horas por el teléfono, lágrimas, otros dos días de cara de ‘huele guiso’ y una gastrits de miedo, me la evito y le digo que estoy trabajando. Así que si te pregunta, no me has visto”. Poco sano pero a veces llevar a la práctica ciertos consejos de salud de pareja suele ser, digamos, poco realista. Lo que yo responsablemente les diré es que deben aprender a negociar y a sanar las cuestiones de fondo que crean ese pánico a la saida a echar la chela, ya sean personales o de la dinámica de pareja. A veces a través del propio deseo de cambiar y adquirir una mejor calidad de vida y en muchas otras ocasiones apoyándose en la terapia. Decisión de cada quién. Pero vivir así, está cañón. Y cuando la mentira es cachada, santa virgen del zorzal. Agárrense.

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