Hace mucho que no cachaba a una parejuca dándose amor extra muros. Hace un rato, pasé de rápido a una comida de una amiga que festejaba su cumpleaños en su casa. La cosa empezó desde las dos de la tarde pero como para variar tuve un día de corre y corre, llegué casi a las nueve de la noche. Ya la cosa pintaba pa parranda pero como aún tengo ensayo, tuve que dejar la tertulia en menos de una hora y media cerveza. La cosa es que antes de salir decidí hacer una parada en el baño (eso de la cerveza me resulta diurético) y después de estar casi cinco minutos esperando a que se desocupara y comenzar a arrepentirme de esperar para entrar (porque es obvio que cuando alguien se tarda demasiado tras él dejará una estela fétida), vi salir a una pareja de unos 23 o 25 años, palpitante y sonrojada. ‘Uummm, ahora entiendo, se estaban dando un agárrese quien pueda’. Y con sonrisita culpable me dieron paso al baño. Me quedé pensando en que hace mucho que no asalto el baño u otro rincón de casa ajena para darle gusto al cuerpo. Tendrá unos ¿tres años? Creo que fue en un halloween en casa de un amigo del Sr. Elsy. El asunto es que una vez que vives fuera de la casa de tus padres ya sea para vivir solo o en pareja, la garantía de un lugar seguro y gratis para la cosa sexual, te hace prescindir de este tipo de encuentros fortuitos en donde caiga. Cuando eres adolescente o más adultito pero aún no independiente, aprovechas hasta la más mínima oportunidad oscurita, porque si no, hay que esperar hasta la salidita al motel o a que los papás de alguno salgan por un buen rato. No obstante, sí se va perdiendo ese sabor aventurero de ‘ya aquí, démosle’. Como aquellas fiestas en que te salías al coche y no conforme con el pendiente de que te agarrara un policía en el acto, regresabas y te dabas cuenta que todos advertían que habías desaparecido por media hora. Supongo que muchos de ustedes aún andan en esas. Cuéntenmelas.

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