El contrasentido es un favorito del ser humano. Por cierto, (haré un paréntesis, perdón) creo que nunca les había contado pero cuando surgió mi deseo de colaborar en revistas, tenía idea de tener una columna que se llamara ‘Contrasentido’, hasta el día de hoy así se llama la carpeta donde hay otras carpetas como ‘Men’s Health’, otra de Conozca, otra de Marie otra de elsyreyes.com y cada una tiene varias docenas de carpetas con las colaboraciones de mes a mes desde hace ya casi cuatro años. Nunca le cambié el nombre y hasta ahora lo hice conciente. En fin, no sucedió así, le pusieron a mis columnas Praxis, Pregúntale a la vecina, Bullet sexo y otras. Así es, lo lindo de la vida, las sorpresas. ¡Bueno pero ya! Entremos al tema. Hablábamos de ‘Contrasentido’ y pocas veces aplica más que en esas personas que dicen y pregonan que amarían tener una vida sexual marca ‘triple orgasmo en seco’, que dicen envidiar a quienes le damos un 10 a nuestra vida sexual (modestia aparte, pero la verdad sí la califico de ‘verigud’, sellito de abejita trabajadora, etc.) pero esas mismas personas, al entrevistarlas (porque yo no doy terapia, doy mi opinión/consejos a quienes me lo solicitan) y preguntarles ‘¿Qué han hecho para tener esa vida sexual dorada?, casi siempre achacan a su pareja la falta de o las fallas que han provocado su aburrimiento de sábanas. ¿Y saben cuál es la causa casi -y reitero, casi- siempre? Una hermosa palabra: pe-re-za, hueva, flojera, como la llamen. De verdad y es mutua, no nada más de aquel que en el momento de la plática se ha colocado en el banquillo de los acusados. Es una hueva recíproca, y sí, el miedo y muchas frustraciones podemos disfrazarlas de flojera, de desgano. En otros casos es real, simplemente les da una terrible pereza moverse, levantarse, ponerse algo lindo, iniciar el coqueteo, el manoseo.

De verdad, todavía no han comenzado cuando ya están pensando ‘Híjole, es que entre beso, arrumaco, agarrada, coito como tal, etc. nos vamos a dormir muy tarde’, o ‘Nombre, ahorita va a empezar con que quiere un felatio y se tarda años en eyacular. Y además ya me imagino, va a querer tocarme hasta que tenga un orgasmo y a mí siempre se me quitan las ganas en cuanto llego al clímax… mejor no’.

Y es en serio, habrá quienes -y sobre todo solteros que viven en casa de familia- que no se lo expliquen pero les juro que es re pero re fácil caer en esa dinámica. Como una amiga una vez me dijo, ‘Guey, si mi marido quiere y yo estoy muy cansada, pues va, le doy gusto pero no me muevo. Si quiere que él trabaje. Yo me echo y que me avise cuando acabe’. ¿Creen que eso es sano? ¡Ay Arcángel Miguel, socórrenos!

La misma pereza también fomenta que no deseen ponerse creativos, que no deseen nuevas alternativas (y no hablo de ser infieles, bola de malandrines), nuevas formas de tocarse, besarse, lugares, posturas, juguetes, en fin. Y claro eso los lleva a que hagan el amor que ya parece que se leen el manual de instrucciones porque siempre es exactamente lo mismo Paso 1: Bese a la persona, Paso 2: métale la lengua, y así hasta el Paso ¿20?: Eyacule o tenga un orgasmo, dése la vuelta y duerma. En serio. Entonces, ahora sí como decía mi abuela Carmen, ‘se junta la chis con la caca’, porque la dinámica de bostezo que tienen les da más flojera y tienen flojera porque la dinámica es de bostezo.

Digo yo, ¿quieren una vida sexual de quedar con el ojo en blanco? ¡Trabájenla! No va a venir el hada del placer y les va a meter un chip por donde mejor les convenga e ipso facto serán grandes amantes. Hay que tomar las vías hacia el objetivo. Y también, eliminen esos generadores de aburrimiento. El esposo de una amiga le contó al Sr. Elsy (chisme, chisme) que está aburrido (con esa palabra) de tener que terminar afuera porque a ella no le parece tomar anticonceptivos ni que él use condón. Así, tal cual. Su religión no se lo permite. Entonces, por ‘jarioso’ que llegue al hogar, nada más de recordar que tiene que aplicar el coito interrumpido y que de todas formas va a dormir intranquilo porque va a estar pensando ‘¿Se habrá embarazado?’, prefiere aplicar el ‘vengo muy cansado, buenas noches’. Y eso provoca hueva, a mediano y largo plazo. O qué tal por ejemplo, aquellas chavas que dicen ‘Hoy sí le voy a poner un revolcón a mi hombre’, pero empiezan a recordar que cada que le piden que haga algo diferente o tomen una nueva postura o le estimule tal o cual zona, él termina ofendido, enojado y de tooooodaas formas termina haciendo sus mediocres estratégias; pues obvio ella va a decir a sus adentros ‘Ay, no. Mejor no, ¡qué hueva!’. Y así se carga ‘la tía de las muchachas’ a muchas relaciones.

¡Ojo! ¡Ojos mijitos! Les mando besos, los quiero.

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