El asunto de los piercings en los genitales se relaciona por lo regular con subculturas hardcore o grupos de personas tendenciosas a gustos excéntricos. La realidad es que cada vez hay más personas con una personalidad aparentemente ‘conservadora’ o ‘regular’ (adjetivos muy subjetivos) que optan por colocarse aros o barras metálicas tanto en el glande como en el clítoris.

Mucho se ha trabajado para regular los establecimientos donde se realizan las perforaciones, ya saben con fines de salubridad (esterilización del material, equipo adecuado y perforadores profesionales). Sin embargo, como es de imaginarse muchos pero muchos de estos no cuentan con las menores medidas de higiene. No se diga los que se instalan en un puesto a plena calle o en los bazares donde igual puede estar tatuando y perforando que vendiendo quesadillas. Y claro, vienen los contagios, principalmente de Hepatitis C. En México por cada paciente con  VIH / SIDA,  existen cuatro con Hepatitis C. Aplicar un piercing, requiere causar una herida expuesta sobre la piel, generalmente con objetos metálicos como agujas y navajas. Esto representa un riesgo para las personas porque es, precisamente, a través de la sangre como se transmite. De acuerdo al reporte “Seroprevalencia de la hepatitis C en adultos de  México del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP)”, en México existen alrededor de 1 millón 700 mil casos positivos para la prueba de Hepatitis C, mientras que para VIH SIDA hay cerca de 220 mil casos.

Ahora, por obvias razones, durante la recuperación post piercing, al cliente se le recomienda la abstinencia sexual hasta por un mes. Es cosa de que cicatrice, cierre. Después, digamos que el susodicho tuvo suerte y fue con un artista de la perforación profesional y conciente y salió sin contagio. Viene otro punto, otro factor en los hombres que se colocan dichos adornitos con fines lúdicos sexuales. Por lo regular se perforan con una pequeña barra metálica que atraviesa el tejido esponjoso del pene y en cada punta de la misma se enroscan un par de bolitas metálicas cuyo fin es el de fungir como masajeadores de las paredes vaginales al momento de la penetración. Pero ¿y el condón? Claro, aquí surge otro punto. Normalmente (porque además para eso se lo pusieron), estos creativos señores no se retiran el adorno para tener sexo y resulta que su riesgo de contraer alguna ETS subyace en que no suelen colocarse un condón.

Dependiendo del diseño del piercing pueden colocarlo, claro, sin embargo es probable que el mismo roce lo rompa. Chucho, un conocido mío, quien es perforador profesional cuyo local se encuentra en Insurgentes (que por cierto tatúa divino) –y quien por supuesto tiene un piercing en el glande- afirma sí poder usar condón y que sus clientes también lo hacen. Le pregunté en ese caso cómo demonios lo deslizaba y me dijo que con trabajos pero que sí era posible; levantando poco a poco el anillo donde está enrolado hasta que lo haces pasar por encima de las bolitas mentadas que sujetan la barra y terminas de deslizarlo hasta la base del pene. Y, claro, que debía ser un condón muy resistente, “nada de esos que regalan en los hoteles de paso ni de los similares” (sus palabras). Y, con gusto escuché que su recomendación son los Sico Safety. Dice que incluso tirando un poco del mismo nunca se le ha roto. No cabe duda que la calidad ahí está, ahora es cuestión de que el usuario tome suficiente práctica para no romperlo. Pero piensen, si aguanta el roce contra el metal, ¿qué no aguantará? Realmente es lo que le sigue de confiable. Cosa maravillosa.

En fin, miren que si gustan de ponerse hasta un martillo a la mitad del órgano, muy su antojo, pero piensen siempre en las complicaciones que esto puede traerles. Yo, le creo a Chucho, pero no dejo de pensar en que dado que no queda bien pegado el látex a la piel, pueden generarse burbujas de aire y ahí sí, por calidad que ofrezca Sico, no hay nada que hacer.
¿Se pondrían uno como el de la foto?

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