Los zoólogos y zoopsicólogos no dejan de sorprenderse porque si pensaban que la homosexualidad en otros animales sólo eran expresiones sexuales momentáneas o manifestaciones de dominancia-sumisión que no les llevaban a vivir en pareja, como ocurre en los humanos, dos pingüinos machos de la especie Pygoscelis Antarctica del zoológico del Parque Central de Manhattan, llamados Roy y Silo, iban a romper todos los moldes porque tras siete años de convivencia en pareja, incubaron un huevo, que pusieron a su alcance, del que nació una hembra, Tango, que criaron como si de su hija se tratara.

Aún nos queda mucho por descubrir pero ya podemos extraer varias ideas importantes: la homosexualidad es natural, merece idéntico respeto que la heterosexualidad y muchas veces la ignorancia puede llevar asociada una gran intolerancia.

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