Recitar la cantidad de hombres con los que nos hemos enroscado entre sábanas, suele ser un arma letal para ellos. Pero ¿qué tanto habla de nuestra óptica sexual? Las huellas en tu colchón son una radiografía que no siempre debes confesar cuando él solicita el saldo total de tu entrepierna.

‘Promiscua’. Término temido por antonomasia, sobre todo cuando el diagnóstico proviene de una figura de poder. ¿Con cuántos debemos acostarnos para considerarnos promiscuas? La ciencias humanistas no se han puesto de acuerdo, ‘Sujeto a valores culturales y sociales’, enuncian. Y sin intención de caer en feminazis, ¿cuántas necesitan ellos para ser censurados con el mismo desprecio que recibe una ‘pierna-fácil’, una ‘nalga-pronta’, una ‘zorra’?

Lo cierto es que todas guardamos la cifra en un cajón. Entre nosotras podemos confesarla con un dulce sabor a orgullo en la boca o bien, con ácida vergüenza (ya sea porque nuestro rango raya en ‘too much’ o porque  no llega ni al decimal).
Deberíamos vivirlo sin culpa pero el puritanismo social nos sigue taladrando el cerebro. Entonces –además- llega él y nos hace la incómoda pregunta. Es obvio que la interrogante está recargada de inseguridad. Es inútil, sus posibilidades de recibir una respuesta honesta es del ¿40 por ciento? Sabes que toda declaración puede actuar en tu contra. Negarte a compartir tu historial le hará creer que llevas decenas, ¿y cómo saber si cinco o tres le resultarán demasiados?
La clave es exigir respeto con dulzura, aplicar frases como ‘¿Eso cambiaría la perspectiva que tienes de mí?’, ‘Es la pregunta más estúpida que me ha hecho un hombre inteligente’ o ‘¿Crees que me hace falta experiencia?’. O, si deseas cerrar el capítulo con rapidez, haz un promedio basado en su personalidad y repórtalo como el total. Ahora, si él insiste en que incluso aportes nombres y tipo de relación, ¿qué haces un macho masoquista como ese?

El camino nos hace quienes somos, también los andares sexuales. Relaciones fugaces o de amplia estadía, memorables o no. El recuento es sólo tuyo y hoy puedes aprender mucho de él.

Muchas disciplinas filosóficas y espirituales nos instan a dejar la culpa, vivir culpándonos es inútil, mucho más si nos apesadumbramos y aminoramos nuestro valor: nuestra percepción de valía. La cual es determinante, porque con base en el valor que nos damos, crearemos nuestra realidad. Si nos sentimos menos que un pedazo de carne echado al basurero, así instaremos al mundo a tratarnos y a correspondernos. La culpa sexual suele ser poderosa. Porque todo lo relacionado con el sexo per se ya posee una carga cultural relativa a lo sucio. Porque aún no logramos que la sociedad conviva con un concepto sano, vital y armonioso, sanador, bello de la relación con el ser sexual. Entonces el ser tildada de ‘fácil’, ‘de traga machos’, lastima profundamente. Sobre todo cuando se está en la adolescencia. Una mujer puede ser adjetivada de chismosa, hipócrita, estúpida pero nada la puede ofender más que ser llamada ‘Golfa’ o sus sinónimos. Entonces lo cree y lo cree tan profundamente que irá por la vida con un cartel mental en la frente ‘No valgo, ¿no lo ves? La gente piensa que soy una zorra’. ¿Zorra? Cada quién tiene una respuesta a su ‘lista’ amplia o pequeña y la relación o aprendizaje que la llevaron a ello.

La responsabilidad es vital en la decisión de integrar uno, miles o decenas de tipos en tu vida sexual. Es una decisión personal. Sin embargo ¿hasta dónde estás arriesgando tu integridad? Muchas mujeres reforzaron esos conceptos culposos cuando llegó a ellas una infección de transmisión sexual o un embarazo no planificado. Lo creyeron un resultante de su conducta cuando es algo totalmente subjetivo: puedes quedar embarazada con el primer y único hombre en tu vida o puedes tener una larga lista y -si fuiste responsable y sabia con tu conexión sexual- saliste ‘ilesa’ de cualquier inconveniente.

Tenemos herramientas, usémoslas. En ocasiones el no uso de preservativo en una relación es idea de ella, de la chava. ¿Cómo se pueden jugar así el futuro? Y bueno, va, suceden emergencias. Se rompió el condón, va. Se te olvidó más de una pastilla, se despegó el parche, salió el anillo, etc., la cosa es que falló tu método mensual. Bueno, va. Ahí tienen la Píldora de la Libélula de Bayer. ¿Qué más necesitan? Rezar porque no se dé una concepción no las llevará a impedirlo. Mucho menos pedir fervorosamente no ser contagiadas de alguna ITS si no exigieron que él usara un condón.

Una de las culpas más generalizadas que han mermado la auto percpeción en muchas mujeres fue la de resultar embarazadas y tener que acudir a una interrupción. Hay una doble sensación resultante entre el alivio y la culpa. ¿Por qué llegar a ello? Respetable la decisión de cada una, sólo quien esté en sus zapatos podrá juzgar a quien decida interrumpir un embarazo. Pero siempre me pregunto ¿esas mujeres vivían en el siglo XVII? ¿Por qué no acudir a las herramientas? Y actuar rápido. Tienes 72 horas para tomarte una Píldora de la Libélula (cuanto antes mejor, claro). ¡72 horas! ¿No pudiste tomarte minutos para ir a una farmacia y tomarla? Si sabes que es probable que se te olvide  la segunda dosis a las 12 horas, te tomas las dos juntas y punto.

Y dejen de basar su valor en la opinión externa, en la crítica, el juicio. Ustedes son dueñas de su camino sexual pero así com piden respeto ténganselo a ustedes mismas cuidándose.

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