Cada vez más mujeres se lanzan a dejar la casa de sus papás para comenzar su aventura, mucho antes de casarse o vivir con alguien. Acá los consejos para las Chicas Libélula. Dejar la casa de tus padres para al fin independizarte puede ser tan emocionante como complejo. Aplica los siguientes puntos y descubrirás que ser autosuficiente es el mejor regalo que te has dado.

1.    Destina un plan de independencia. Ahora todo estribará en tu administración financiera. Inicia por hacer un balance de tus gastos fijos actuales reales. No te dejes llevar por el ‘si dejo de salir el fin de semana…ahorraré’ porque ambos sabemos que no abandonarás tus parrandas. Con base en tu capacidad económica y de ahorro, decide si te lanzas a comprar o rentar y la cifra que puedes asumir.

2.    Suma. Añade a tus gastos fijos los pagos que ahora surgirán y que no contemplas como comida, servicios y todo en lo que antes te apoyaba tu familia. Y considera una cantidad para imprevistos. Créeme, surgirán ¿Te alcanza sin especular que te subirán el sueldo? Adelante.

3.    Reserva anticipada. Significa dinero, sí para variar. A menos que esperes mudarte a un cuarto de azotea y dormir sobre periódicos, tres meses previos a que te mudes procura depositar en una cuenta específica la cantidad que requieres para el enganche o el depósito de arrendamiento y dos meses de renta o mensualidad que estimaste. Y no toques ese dinero.

4.    Elige como las mamás. Aunque te tachen de meticulos@, escoge un departamento que te ofrezca seguridad, que no cuente con desperfectos que a la larga se traducirán en gastos como la humedad o las tuberías viejas, que cuente con los servicios básicos y no haya adeudos importantes en éstos. Pide al arrendador que encienda el horno y el boiler y checa que funcionen y no tengan fugas de gas, revisa los escusados, las regaderas y la corriente eléctrica.

5.    Infórmate de la zona. Más vale gastar mil pesos más al mes que ser asaltada cada tercer día. Busca en los periódicos de la localidad el índice de vandalismo, asaltos y secuestros. Platica con los vecinos y no te dejes llevar por ofertas que a la larga saldrán caras.

6.    Apapacha tu independencia. No esperes hasta poder cambiarte a un pent-house con muebles de diseñador pero tampoco comiences tu nuevo camino de una manera que te haga sentir miserable o la adaptación será muy complicada. No te avientes si aún no estás lista para vivir con decoro (cual sea tu concepto de decoro).

7.    Vive cerca. Elige una zona con accesibilidad a vías de transporte, tiendas o servicios que usas cada día y sobre todo, que te permita llegar a tiempo a tu trabajo. Incluso, busca proximidad a tus amigos o familia. El apoyo de ellos es básico en ocasiones.

8.    ‘Muebilízate’. Hay tres elementales: un refrigerador, una cama y un televisor. Si ya cuentas con ellos, puedes comenzar a invertir en el resto de los muebles. Si lo haces a crédito, cerciórate que podrás cubrir cada pago con tranquilidad.

9.    ‘Ensérate’. No con cera, con enseres de cocina. Desde ahora puedes ir comprando sartenes, ollas, platos, cubiertos y demás. Todos suelen olvidar esos detalles hasta que se mudan y se dan cuenta que tienen que pedirle a la vecina una cuchara para comerse una sopa de vaso.

10.     Limita el despilfarro. Haz una lista de todas las tonterías en las que gastas al día como ese ‘tónico embellecedor de pene’ que te costó una fortuna y que no funciona y evítalas a toda costa. También habla con tu mujer y pídele que te apoye en esta temporada de reserva.

11.     Ve con ojos de sociólogo. Antes de mudarte, date una vuelta por el lugar que has elegido y analiza si tus vecinos son personas con las que podrías convivir o ignorar. No olvides que hay vecinos que pueden hacer de tu vida una pesadilla.

12.     Divide gastos. Si tras tu análisis financiero resuelves que no te alcanza, busca un roomate: una amiga confiable con quien estás segura que podrías al menos sobrevivir y no terminarás odiando por sus hábitos de limpieza o porque dormirás escuchando los gemidos de una orgía en la sala cada semana.

13.     Diseña tu espacio. Al fin podrás librarte de las carpetitas bordadas de tu mamá. Escoge a tu gusto y básate en el espacio que ahora tendrás.

14.     Pormenoriza. Pueden parecer cosas innecesarias pero cuando estás acostumbrado a ellas, las extrañas más que nunca. Esos pormenores como las cortinas, los tapetes o los espejos a los que nunca les das importancia, te harán falta. Puedes ir comprándolos poco a poco y mudarte como todo un profesional.

15.     Administra. Especialistas en Administración del Hogar (sí, eso existe), recomiendan que mes a mes saques de tu cuenta y metas en un sobre distinto el pago de cada servicio junto con el uno al cinco por ciento más. Cuando llegue la fecha de pago, tómalo de cada sobre y deja lo que sobra. Con el tiempo, tendrás un gran ahorro. Si haces tus pagos por Internet, hazlos en cuanto te depositen tu sueldo para evitar desembolsar lo destinado a gastos fijos. ¿Lista? A empacar y vivir independiente.

Este post es presentado por la Píldor a de la Libélula. Piquen este banner y llamen al 01 800 00 MI SOS para utilizar de una manera adecuada y puntual -si fuera necesario- la Píldora de la Libélula, anticoncepción de emergencia. Sólo y sólo emergencia.

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