Hola querida banda, ha sido una semana complicada pero aquí me tienen de vuelta. Desde el sábado nuestro diseñador está mudando de posting el blog así que disculparán las fallas y momentos en que el sitio estuvo caído. Precisamente, al caerse por fallas de BlueHost decidimos mudarlo a otro servicio y en esas andamos. Igualmente veo que el chat funcionó y les agradezco a todos los que han estado ahí

Bueno ahora sí, ‘a lo que te truje’. Es muy común que en el camino, en ese andar estrepitoso (jaja) de búsqueda de pareja, nos vayamos desencantando poco a poco, que tras cada guacatazo por relaciones que no han resultado en lo que deseábamos terminamos deambulando por ahí creyendo que no existe la persona que realmente creamos en nuestra cabeza como ideal. Nadie dijo que fuera simple o que tampoco tengamos ideas heredadas equívocas como el pensar que una pareja vendrá a rellenarnos nuestros vacíos internos o que nos rescatará pero creer que es imposible encontrar a la pareja que creemos que merecemos es imposible es quizás la idea más estúpida de todas. Cuando lo hacemos, comenzamos un proceso de conformismo inconciente. Nos urge encontrar a quién querer, quien nos quiera, con quien podamos ir a los lugares sin que se nos pregunte por qué estamos solos, en quien podamos volcar toda la serie de imágenes románticas que hemos deglutido y –ahí viene- terminamos con quien se aparezca. Con ese o esa ‘menos ‘pior’. Nada más porque fue quien se los acercó o nos presentaron. Salimos con esa persona y nos damos cuenta que no somos exactamente compatibles, que en realidad no nos gusta, que incluso hay cosas claras que nos hartan o desajustan a lo que buscamos pero, peeeero, es el o la única a la mano. Y comenzamos una relación, comenzamos con una apoteosis de esa tipa o tipo que –sentimos- nos hizo el favor de buscarnos, de acercarse. Comenzamos a autoconvencernos ‘Bueno, feo, feo, no es’, ‘Sí es fiestero y a veces se le pasan los tragos, pero es divertido cuando está borrachito’, ‘A veces me desespera pero así son las mujeres’, ‘No me aburro tanto, lo que pasa es que es callado’… Y así lo vamos convirtiendo hasta que queda como un semidios. Al que en realidad no amamos, no nos encanta, no nos llena pero vamos en piloto automático, porque en el fondo creemos que es peor estar solo. Y hay quienes hasta al matrimonio llegan sin detenerse a pensar que no era la persona que deseaban, pero ahí estaba, como si viviéramos en una isla desierta donde sólo hay una opción para emparejarse.

Luego, pasan años. Hay mujeres y hombres que un día se confiesan: ‘Nunca fue lo que esperaba, en realidad no estaba enamorado(a), le dije que sí o le pedí que nos casáramos porque ya llevábamos mucho tiempo juntos o porque me dio lástima; porque pensé que le rompería la madre si lo dejaba. O porque sentí que me necesitaba y que podría cambiarlo…Pero no es la persona con la que quiero estar’.

¡Zaz! ¡Madrazo darse cuenta de esto!, ¿no? Saber esperar por la persona que realmente venga a hacernos felices, que nos provoque sacar lo mejor de nosotros mismos puede ser hartante pero mucho menos doloroso que terminar con el primer o primera ‘saca clavos’, ‘rescatador’ o ‘más vale que andar de a dedo’ que se nos aparece. ¡Ojo! ¿Lo han hecho? ¿Han terminado saliendo, andando o hasta casados con quien SABÍAN no era para ustedes pero CREÍAN que era el o la única disponible?

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