Hace unos días me preguntaron cuáles creo que son los retos a los que se enfrentan los nuevos hombres, los chavos, los no tan chavos que habitan nuestro planeta. Ser un hombre de tu tiempo no siempre es fácil, sobre todo cuando aún fuiste educado con el modelo antigio. Echen por la borda aquellos conceptos que aún prevalecen en su ideología impidiéndoles adaptarse a la nueva era.

Se los dejo aquí con mucho cariño hombresotes míos

>Echa ojo debajo de tu cama. De manera metafórica guardas ahí debajo aquellos tabúes, consejos del abuelo y leyendas urbanas que aunque sabes que se han desmentido hasta por la ciencia, sigues aplicando en tu vida; aunque pretendas que no. Deshazte de esos. ¿Te parece complejo encontrar cuales conservas? Pregúntale a tu mujer, ella sabe.

> Déjate ganar. Ya se demostró que ambos géneros podemos vivir en equidad. Tira tus complejos y juicios cuando una mujer se te declara, coquetea de manera abierta o te invita a salir. El que lo haga no demuestra que es una fácil o que lo hace con todos. Sólo denota algo: tiene claros sus objetivos y se siente segura de sí.

> Esconde al proveedor un momento. Hoy en día los sueldos femeninos igualan o superan al tuyo. Permitirte que una mujer pague una cena u otra diversión para ambos no te quita hombría ni te pone en papel de pusilánime. Tampoco si compartes los gastos de la casa. Es otra manera de demostrar que no tienes complejos. Sólo no abuses, tampoco se trata de instalarte en vividor, es algo ocasional o equitativo.

> Llora. Aunque todos tus antepasados hayan presumido de no haber dejado salir ni una lágrima y te instaran a seguir la tradición para no parecer ‘niña mimada’, regálate momentos de llanto. No hay poder más curativo y no hay hombre que demuestre más su masculinidad que cuando tiene la capacidad de mostrar sus emociones sin apenarse. El estrés se escapa y el alivio llega. Claro, evítalo en medio de una junta cuando tu jefe te llame la atención.

> Ríete de ti. Deja esa pose de ‘Yo no me equivoco’ ni te enojes cuando el ridículo es contundente. Mófate de ti mismo, del cómico natural que hay en ti cuando metes la pata  y no habrá nada que quieras perdonarte. Cuando tienes ese poder, no hay burla que te lastime. Y los demás tomarán tu tropezón con la misma naturalidad.

> Amplía tus horizontes. ¿Piensas quedarte como tus abuelos a proveer un hogar haciendo algo que odias? No importa que lleves veinte años en el mismo oficio, si quieres cambiar de rumbo, hazlo pero hazlo ya. Llena tus bolsillos por hacer algo que te satisfaga.

> Entretente. Habrás notado que se ha hecho común que los adultos contemporáneos pese a soportar fuertes responsabilidades empresariales son asiduos consumidores de videojuegos, comics y deportes extremos. Eso habla de que se está rompiendo la idea de que jugar es sólo para niños o pubertos y que los ‘hombres de mundo’ deben ser rígidos y serios. Integra a tu vida alguna actividad que te relaje y te recuerde que la sensación de triunfo no sólo se traduce a billetes en tu cartera.

> Cásate enamorado. Ya se eliminaron la dote, las alianzas familiares y los matrimonios planeados desde antes de que nacieran los novios (al menos en la mayoría de las sociedades). No tienes idea lo que muchos hubieran pagado por tener tus oportunidades. Aprovéchalas y elige a la compañera de vida que te enloquezca y llene de satisfacciones emocionales, sexuales, profesionales e ideológicas.

> Quítale las manecillas al reloj. Con seguridad tu padre te ha dicho ‘A tu edad yo ya tenía casa propia, auto, esposa y tres hijos’ y eso te hace sentir perdedor. Vivimos en otros tiempos, tendencias económicas y situaciones políticas. No te duermas en tus laureles, pero ve a tu paso. El tiempo y el espacio no existen, los haces tú.

> Sé plural. Seguro creciste viendo a tus familiares reprobar otras ideologías, preferencias sexuales, prácticas, religiones o movimientos. Date la oportunidad de respetar a los demás y conocerlos. Nadie dijo que tú tuvieras la verdad en las manos. Cuanto más te permites apreciar desde tu lugar a otros y comprenderlos, más rica es tu óptica. Y eso se transforma en sabiduría.

> Escucha y cede. Un jefe de familia ya no debe ser el ‘mandón’ que debe hacer su voluntad y al que todos deben rendir pleitesía. Sé amigo de tus hijos y de tu mujer. Aprende a ceder cuando los demás no están de acuerdo con tus deseos. Eso no te quita poder, te lo da.

> Relájate. Las distancias sociales y las jerarquías cada vez son más flexibles. Sé el mismo con el ‘dueño del barco’ y con ‘el que limpia la cubierta’. Conocer a todas las personas y darles un buen trato te hace una persona más adaptable. Además, la vida da muchas vueltas y nunca sabes cuando necesitarás tú que te tiendan la mano.

> Ten amigos. No sólo busques el beneficio profesional o económico de los contactos sociales, regálate momentos con gente que de verdad te entiende, comparte tus metas y se alegra o entristece contigo. Y díselos. Es risible que dos hombres no puedan expresar lo mucho que se quieren a menos que estén borrachos.

> Vulnérate. También se vale perder o sentirse mal. Si no dejas que esos momentos lleguen y los puedas compartir con tu mujer o con quienes amas, encontrarán tarde o temprano una vía de salida: enfermedad y envejecimiento.

> Acicálate. Muchos laboratorios y marcas cosméticas hoy ofrecen opciones de cuidado masculino. El que te preocupes por lucir guapo y saludable no te hace afeminado ni ‘metrosexual de clóset’. Cuídate y aprovecha los beneficios de tantas investigaciones.

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