No hay hechos fisiológicos que evidencien cuando una persona no está satisfecha sexualmente, por lo regular se relaciona con males emocionales como ansiedad, depresión, irritabilidad, amargura, etc. que en algún momento pueden somatizarse. De acuerdo al psicólogo y terapeuta sexual Daniel Varela Casados, la somatización de dichas emociones casi siempre se transparentan en problemas gastrointestinales, presión arterial alta y en general los trastornos derivados del estrés. No obstante, cuando la vida sexual –al contrario- es satisfactoria, el cuerpo sí suele dar señales de ello desde en la piel, con mayor luminosidad, las defensas son mayores, el nivel de estrés disminuye, entre otros beneficios. El psiquiatra y sexólogo Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, detalla “En los coitos placenteros, ovarios, testículos y corteza suprarrenal liberarían mayores cantidades de una hormona llamada de-hidro-epi-androesterona (DHEA), que promueve la energía sexual. Otra sustancia que entra en escena antes del estallido del clímax es el óxido nítrico que mejora la circulación”.

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