La iluminación ideal para hacer el amor  son las luces ámbar, los tonos tenues que nos permitan vernos pero al mismo tiempo le dé a la atmósfera un toque íntimo, de misterio y complicidad. Estar a oscuras en absoluto no sólo impide que el imaginario se active a través de la vista del cuerpo, sus movimientos, fluidos, etc. propios y de la pareja, obstaculiza que algunas áreas cerebrales reaccionen ya que el negro total indica descanso o relajación. Sobre todo, es una de las opciones más elegidas con aquellos que les cuesta trabajo aceptar y amar su cuerpo tal cual es. Esto sólo promueve que dicha inseguridad aumente. Todos tenemos zonas que no nos encanta mostrar a plena luz pero, precisamente compartirlas, tocarlas, permitir que la otra parte las estimule es buen ejercicio de aceptación y encontrar el lado disfrutable a estas partes que consideramos feas, gordas, aguadas, fregadas, etc. Y con buena suerte, esto fomente que las trabajemos en lugar de quejarnos de ellas o en casos donde hay una verdadera sanación emocional incluso se aminoren, porque les quitas el foco (mental) de encima. Esto ha sucedido para quienes deseen creerlo.

Mala idea apagar la luz por completo.

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