En muchas ocasiones en el afán de proveer al hombre con un gran regalo oral, se olvidan factores importantes. La cosa no consiste nada más en meter el pene a la boca y subir y bajar la cabeza. Por supuesto nadie nace siendo la feladora del año sin embargo hay que tomar en cuenta que la ejecución del mismo también se sujeta a la morfología: a qué tan amplia puede ser la abertura de las mandíbulas de una mujer, la forma en que sus dientes están, digamos, dispuestos en la boca. El roce con el diente es de lo más común, evitarlo sólo consiste en abrir la boca y posteriormente hacer un óvalo con los labios cubriendo toda la dentadura. Se hace como una especie de cubierta protectora para evitar poner el miembro en contacto con la misma, al tiempo que los labios son una especie de medidor de distancia. Éstos son increíblemente sensibles y además de masajear el tronco del pene, lo salvará del ‘colmillazo’.

Luego, está el factor de la profundidad. Es obvio que la mayoría de los hombres desea que su mujer sea toda una ‘garganta profunda’. Pero muchas veces cuando el pene roza más allá del paladar comienza una sensación de ahogamiento o hasta náuseas, comúnmente llamado gagging, y termina una arquéandose a un minuto de vomitar. Dar el efecto de que la profundidad a la que el pene está llegando en la garganta puede estar ayudado por las manos. Es cuestión de antes que nada ensalvivar muy bien el pene, a través no de la penetración del mismo a la boca sino con masajes linguales e incluso hay a quienes les gusta escupir un poco y con las manos ir repartiendo la saliva a través de todo el pene. Una vez que lo vayan a introducir a su boca, tomen con ambas manos la base del tronco del pene y con suficiente saliva o lubricante masajeénlo en diferentes sentidos, suavemente en el mismo movimiento que realizan cuando exprimen una toalla (obvio no me vayan a exprimir el cuerpo del pene porque lo mandan al hospital) y al tener esta sensación, no será tan importante en términos sensitivos que la profundidad en la boca sea demasiada.

Más allá de las distancias no olviden variar los estímulos. A veces las mujeres necesitamos poca variedad, es decir cuando la lengua o dedos de él (o ella, dependiendo su orientación) toca un punto que nos parece perfecto deseamos que de ahí ya no se mueva y que ¡no cambie! Pero ellos requieren más variedad, entonces succiones, laman, acaricien con los labios, ensaliven, y enfóquense intermitentemente en tales caricias, besos y succiones en el glande y su corona. De vez en vez pueden aprisionarlo un poco entre sus labios (nunca lo dientes) y hacer ligeras presiones.

No hay necesidad de ahogarse o llegar a las náuseas, ayúdense no sólo con las manos sino con muchas herramientas de performance y saliva, mucha saliva en sus manos y todo el pene. Prueben y ¡a gozar!

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