En el marco de este, el mes de la lucha contra el cáncer de mama. Justo hoy 19, el día mundial, quiero analizar un punto crucial en la vida de las sobrevivientes: ¿cómo reconectarse sexualmente tras este terrible episodio?
Recordemos que por desgracia el cáncer de mama, cualquier cáncer, no respeta edad. Puede suceder en cualquier etapa de la vida. Y, además aunque este llegara a suceder en una etapa de edad madura, eso no implica que dado el hecho debas o quieras suprimir tu sexualidad y –parte de ella- el contacto sexual.

Mucho hemos hablado de prevención como en este post y este otro, sin embargo pocas veces analizamos el ‘qué pasará después’. Después de la quimio, la radioterapia, la posible mastectomía y sobretodo -tras la recuperación- qué será de nuestra vida sexual.

Para nadie es misterio la masacre emocional que surge. En primer plano porque la idea de poder morir es aterradora, porque el proceso es verdaderamente una lucha y por ende quienes vencen son dignas de los mayores honores. Porque en muchas ocasiones más que lucha ‘médica’ se necesita de enorme fortaleza interior.
Sin embargo, esas vencedoras suelen presentar, una vez ‘terminada’ la guerra una serie de factores importantísimos para rediseñar su vida. En este caso, la vida sexual.

Para empezar, hablaremos de todo lo que le sucede al cuerpo.

Como es obvio, se ha pasado por un largo periodo de inexorable estrés. Traumático. Esto impidió en gran parte la producción de testosterona (la hormona del deseo), por efecto del cortisol, mejor conocido como la hormona del estrés. Cuando el estrés ha sido prolongado, los niveles de cortisol suelen estar muy elevados. Y están íntimamente relacionadas: a mayor cortisol, menos testosterona. Producto: falta de deseo sexual.

Por otro lado, muchos medicamentos para prevenir que el cáncer de mama regrese o avance (los que impiden que las células cancerosas se diseminen) así como la quimioterapia y la radioterapia actúan como supresores de estrógenos, lo que deriva en síntomas parecidos a los del climaterio: falta de deseo sexual, sequedad vaginal, dolor vaginal y falta de libido.

Después viene el impacto de la nueva autoimagen. Es muy probable que se haya perdido el cabello, la piel se sienta áspera y seca, la mujer se sienta todo menos atractiva, haya un enorme cansancio, náuseas, vómito. El deseo sexual es muy proclive a desaparecer. Es natural y obvio.

En el caso de la mastectomía, el dolor emocional es profundo al verse amputadas de una zona identificada como nuestra vía de alimento a otros (físico y psicológico), un enorme símbolo de feminidad y sensualidad. Un gran vínculo con nuestra morfología y diferenciación; zona erógena, símbolo erótico, etc.

Ahora, hay un factor que pocas veces se analiza y que impide reconectarse con muchas áreas de vida (familia, pareja, amigos, profesión): la CULPA. La mayoría de las ocasiones quien padece cáncer es denominada víctima. No obstante, ellas mismas conciente o inconcientemente pueden darse el lugar de victimarias. Sufren terrible culpa al provocar en sus seres queridos tanta angustia, gastos (porque aunque tengan seguro o derecho a centro público de salud, enfermarse en este país es carísimo), atencionesy cuidados. O bien, provocar –porque es muy común- que la situación tan apremiante y dolorosa de su enfermedad destape la cloaca y muchos otros asuntos y fracturas intrafamiliares se exacerben o surjan. Igualmente se culpan de no haber sido previsoras, de no haber acudido al doctor, de no haber cuidado de ellas. Incluso culpa de haber sobrevivido.

La culpa, casi siempre inconciente, las hace sentir poco merecedoras y dadoras de placer, entonces se intensifica la dificultad para reconectar con el ser sexual.

Ayuda
Es imprescindible crear una red de ayuda y autoayuda concientes para lograr la reconexión sexual. Hacer que regrese el deseo sexual y además, la necesidad de cercanía erótica con la pareja requiere de un buen clavado a todas las emociones vividas. Desde el miedo hasta la culpa.

La red debe estar compuesta por tu pareja y familia, un especialista que te ayude y los ayude a comprender el proceso, tu oncólogo y tanto soporte como sea posible de amigos y otros familiares. Dirás, ¿cómo me va a ayudar, por ejemplo, mi hermana con mi vida sexual? Pues mucho, precisamente el convivir de manera cotidiana, regresar a actividades de esparcimiento y relajación suelen ser de enorme ayuda. El impulso de todos los que te rodean  a alimentarte bien (tener un buen balance nutricional promueve que todo, hasta el deseo sexual, vuelva a su sitio), generarte situaciones placenteras, encontrar modos de sentirte útil, viva, atractiva, va a ser esencial.

Aprender a vivir en el presente es crucial. Un día a la vez. En general así deberíamos vivir todos, sin pegos y sin futurear pero en este caso es vital. Y en muchas ocasiones requiere de ayuda de terapeutas, gente capacitada en cualquier área humanística (desde la psiquiatría hasta las disciplinas metafísicas) para lograr este salto: Vivir en el hoy. Y permitirte reconstruir tu autoimagen.

Ahora, la cuestión de la baja de estrógenos puede ayudarse médicamente pero esta es decisión de tu oncólogo. No tengas pena ni miedo de preguntar si hay opciones para tu caso. Algo tan básico como utilizar lubricante artificial con base de agua puede hacer la diferencia al momento del performance sexual.

Pero, muy importante, tener muy claro que el deseo sexual pocas veces vuelve solito, hay que fomentarlo. A través de erotismo y este entendido no sólo como contacto sino con simples conciliadores contigo misma como vestirte con algo lindo, si has perdido el cabello pensar en formas creativas para lucir mejor desde turbantes, pelucas, sombreros, etc.; colocarte frente al espejo y poco a poco comenzar a convivir con tu nuevo aspecto comprendiendo que la belleza es una creación subjetiva y que eres hermosa. Y tu calidad de mujer, tu sensualidad y erotismo están en todo tu cuerpo no sólo en tus senos o en el espacio donde solían estar. Por esto es importante contactar todo tu cuerpo, incluso tus genitales, es imprescindible (como en cualquier etapa el autoerotismo), el hecho de ponerte crema en todo el cuerpo dándote espacio para sentir, es erotismo. Comparte esto con tu pareja ya que para él/ella tampoco puede ser simple; le duele. Pídele que igualmente toque tu cuerpo de nuevo. También es importante que tu pareja encuentre un espacio profesional para externar y trabajar las emociones que vivió. Hay que hablar y hablar mucho, obvio,  buscar también de manera puntual momentos y lugares para estar solos, compartir, abrazarse, acariciarse, poco a poco. Tampoco esperen lanzarse al encuentro sexual a la primera. Pero hay que diseñar y darse permiso para ese espacio. También fomentarse el imaginario, la fantasía, ya sea a través de imágenes, poesía, literatura eróticas. Hay que darse permiso.

Cuando ya se den los momentos francos para tener encuentros sexuales, no olvidar que es como volver a empezar: puede haber ansiedad por no funcionar como antes, por no sentir, por dejarse abrumar por todo lo que la enfermedad está representando o representó. Hay que tenerse paciencia y claridad en que requerirán de nuevas estrategias y técnicas amatorias. Es quizás un momento clave para mejorar su vida sexual, disfrutarse en serio, dejarse llevar, explorar nuevas zonas y prácticas ¿por qué no encontrar el lado más positivo?

Busquen ayuda. De hecho, todos los proveedores de servicios de salud deberían estar entrenados para plantear a las pacientes y sus parejas cómo rediseñar su vida sexual y qué tipo de ayuda deben buscar pero –como siempre- por desgracia poquísimos lo hacen. Suponen que es un ‘rubro’ innecesario sobre todo si la mujer está en edad menopáusica o post menopáusica. Deducen que ya no tienen ni tendrán ni querrán tener vida sexual, lo cual es un terrible error. Ojalá cada  vez más especialistas tomen en cuenta este punto que finalmente promoverá que quien padeció cáncer se reconecte con ella misma, segregue sustancias que le permitan bienestar, y con fuerzas para seguir su camino.

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