A fines de la década de los 70, la Organización Mundial de la Salud brindaba con las copas en alto porque aparentemente estaba a punto de erradicarse la sífilis y se disponían a enviarla a los archivos olvidados. Pero oh-oh, se equivocaban, en unos años nuevamente la sífilis resurge de las cenizas y causa gran preocupación actual. En los últimos diez años ha tenido un crecimiento bárbaro, los casos se han duplicado en muchas zonas de Occidente.
La razón de centro de su resurgimiento, la encontramos en la temidísima infección por VIH. El hecho de que ya no se trate de una enfermedad mortal y que los avances en la investigación de su tratamiento hayan conseguido convertirla ‘sólo’ (con todas las comillas del mundo) en una enfermedad crónica, han provocado que mucha gente baje la guardia y no tome las debidas precauciones en sus contactos genitales, orales, de frotamiento, o sea, sexuales en general. Si a eso le aunamos que la sintomatología de la sífilis en sus primeros estados de desarrollo, incluso confunde a más de un médico, la cosa se pone del nabo.

Como habrán leído en sus libros de la sexu, la produce una bacteria, llamada ‘Treponema Pallidum’ que, después de tres semanas de incubación, empieza a hacer de las suyas. Además, cuando todo indica que ha desaparecido, simplemente se encuentra en estado latente y, a la que puede, vuelve al ataque. En primer lugar, suele aparecer una lesión cutánea (llamada chancro) en el pene o en la vagina y los labios. Ocasionalmente también aparecen en el ano, el recto y la boca. Cuando esta especie de herida desaparece, dos o tres semanas más tarde, aparece una erupción cutánea, sobre todo en la palma de las manos y los pies, además de muchos síntomas parecidos a los de otras infecciones (fiebre, dolor muscular, ganglios inflamados, etc.). La última fase, a la que se llega habitualmente 20 años después del contagio, afecta a órganos como el cerebro, el corazón, el hígado o los huesos, ocasionando parálisis, problemas mentales, ceguera e insuficiencia cardiaca. Cosa horrorosa.

A lo largo de la Historia la sífilis ha llenado más de un panteón real (y algún que otro republicano). Reyes, Papas, cardenales o personajes de gran notoriedad en todos los campos como Schubert, Baudelaire, Hernán Cortés, Lenin o Al Capone murieron a causa de la sífilis. Su incidencia llegó a ser tal que se calcula que a principios del siglo XX, el quince por ciento de los varones de una gran ciudad estaban infectados.

Sea como sea, hay que recordar que la sífilis (siempre que se detecte a tiempo, especialmente en sus dos primeras fases) tiene cura, gracias a la penicilina.
Si andan de querendones de quien se les pare enfrente, háganme el favor de colocarse el bonito preservativo y hacerse chequeos médicos de rutina al menos cada seis meses. Es en serio. Ahí se los encargo.

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