Aunque suene a posguerra o a tugurio de la Europa de antes de siglo XX, las ladillas siguen entre nosotros. Los llamados piojos del pubis aún se presentan en ciertas poblaciones. Y no se imaginen gente olvidada en la punta de las sierras, hablo de comunidades urbanas que supuestamente gozan de toda la tecnología al alcance de la mano humana. Como saben, la vía de transmisión es absolutamente sexual. Aquellos que dicen que si te duermes con tu perro o tu gato, puedes contraer ladillas están equivocados. Las ladillas viven regodeándose de felicidad en el calorcito y humedades de los genitales y se reproducen a la chingonésima velocidad. Por eso son tan contagiosas.
Por lo regular las transmite una persona contagiada que no goza de mucha higiene. Estas criaturitas de la creación, aparecen de modo muy discretito pero en uno o dos días arman su colonia con todo y partido de fut y fiesta del pueblo. El escozor que causan se dice que es insoportable. Son como un cangrejo minúsculo que se alimenta de la sangre y que, como buen parásito, pasa por varias fases hasta llegar a su estado adulto. Las liendres, que son los huevos de la ladilla, suelen tardar en desarrollarse unos cinco días y se fijan firmemente en el tallo del pelo. La siguiente fase, llamada ninfa, es la de la juventud de la criatura. La ladilla empieza a moverse y a chupar sangre, lo que provoca los primeros picores en el portador, que día a día va notando como el malestar va a más y empieza a aparecer en otros lugares poblados por pelo como el abdomen o el tórax. ¡Ah jijo!
En caso de suponerse infectado, se debe acudir al dermatólogo que con seguridad recetará algún shampoo y pomada. Rasurarse toda la zona y claro, mejorar la higiene ayudan también. No crean que es cosa extraña. En muchos lugares cálidos como la costa y las zonas desérticas, es común. Y muchas pero muchas sexo servidoras suelen contagiarlas. Aquí el condón no sirve de mucho (pero sí para no acabar en la tumba por otra ETS, VPH o VIH) porque se contagian al roce de ambos vellos pubianos. Conozco a una persona que se aventó un tiro en un burdel hiper nice en Venecia y regresó con ladillas. Y dice que la sexo servidora parecía una modelo sacada del Vougue y que el lugar estaba retacado de exquisiteces, lujos y que casi casi te pasaban una hoja de oro pa limpiarte el culo. Ahí nomás.

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