El mundo de los sueños sigue y seguirá siendo un misterio para la psiquiatría y toda rama relacionada. Pueden dejarnos un suave sabor culposo en la boca cuando en estos aparece un personaje prohibido o incluso insospechado que nos regala placer al grado de provocar reacciones físicas estando dormidos. Despertar con tremenda erección (que no tiene nada que ver con las erecciones involuntarias parte de los reflejos de todo pene sano), o con la sensación inminente de casi eyacular; en el caso de las mujeres, te pueden despertar los espasmos o el ‘casi ya’, dada la experiencia. En ocasiones hay casos misteriosos donde no podemos recordar qué o con quién soñábamos. Pese a eso, es gratificante.

Deseos reprimidos, miedos que asaltan, o llanamente inexplicables, esas escenas oníricas son tan humanas como las flatulencias (aunque ambas incomoden). Cuando se vive en pareja y en plena madrugada notamos que la pareja está en pleno episodio sexua en sueños no podemos dejar de preguntarnos quién demonios es el protagonista de tal. Cuestionar directamente es tonto, la repuesta será ‘¡Por supuesto que tú!’. Lo claro es que no debemos sentirnos celosos estúpidamente ni empezar a hacernos el hara-kiri mental. ¿Qué caso tiene? En los sueños somos tan libres que corromper la de otro es un delito sexual. El sueño no habla de nada, no quiere decir que desee engañarnos. Obvio, siempre hay aristas, si la del sueño es la secretaria con la que aún despierto fantasea, quizás sí haya un deseo por ahí. Pero nadie dice que lo hará, que se atreverá. La confianza no es más que un enorme clavado a la nada. Hay que tenerla, no queda más; por salud propia.

Por otro lado, el despertar húmeda de los genitales o en el caso de los hombres con una pulucion nocturna que deja su huella en las sábanas, no es prueba de sueño erótico necesariamente. Son reacciones anatómicas normales, necesarias, biológicas. Y tampoco tienen que crear culpa. Nunca falta el que se apena consigo mismo por tener pensamientos sexuales. Déjenlos salir, es parte de su desarrollo psicosexual y éste no termina hasta que morimos.Es parte del autoerotismo. Punto.

En fin, ¿con qué y con quién sueñan? ¿No amanecen grandiosos?

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