¿Por qué se ha vuelto un cliché la infelicidad de pareja?, ¿encontraremos la respuesta en la viejísima Teoría de la Dependencia?, la de Eduardo Galeano. Es más bien económica, pero la aplicabilidad en el caso hembra-macho es increíble. Bueno este necio amante de la ‘chaquetilla mental automisericordiosa’, propia de los seres humanos, afirmaba entre rebuscamientos literarios (en economía internacional), que la fuerza del imperialismo descansa en la ‘necesaria desigualdad de las partes’, léase en la ne-ce-sa-ria desigualdad entre naciones ricas y pobres.

Entre hombres y mujeres creemos, realmente creemos, que para todo hombre débil debe haber una mujer fuerte, para toda mujer dependiente debe haber un protector, para toda romántica hay un buen labioso, para toda nalga pronta hay un caliente, para todo hombre yo-yo hay una mujer oreja, para todo cabrón hay una pendeja (y viceversa)… ¡Que ambos aprovechan sus ventajas comparativas!

Señoras y señores: por eso estamos tan jodidos. Porque nos permitimos otorgarle el poder de nuestro amor propio, salud mental y hasta económica a nuestra contraparte equivocada, no a quien nos empuja y nos lanza hacia arriba sino hacia quienes se pueden aprovechar de nuestras debilidades, como piensa el buen Galeano, que las potencias mundiales hacen con los latinos.
Esta concepción que, aclaro, YO encuentro equívoca, igualmente se aplica en nuestras mentes al funcionamiento del amor, la pareja, el encuentro de dos almas o como demonios le vayamos a llamar.

La vida no se trata de eso. El sentido de la vida se trata complementarnos, nutrirnos, encontrar el equilibrio más no de valernos de nuestras ventajas o desventajas para pisotear o dejarnos pisotear por ningún hijo de vecino, dueño de nuestros sueños primaverales, donde nos imaginábamos sentadas en el columpio de quinceañera al estilo Adela Noriega en vestido rosa bajo la protección de Pancho, el mecánico. O bien, en el caso masculino (porque los hay) para dejarse pisotear por la damisela más próxima a su sueño de Angélica Rivera en ‘La Dueña’, donde con tres fuetazos y trepada al caballo los hacía sentir el más afortunado de los sementales.

¿La viven?

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