Un secreto infame me fue revelado hace unos días. Al fin tenía la respuesta, al fin supe por qué él simplemente me pidió que fuéramos amigos.
Estábamos echándonos unas cervezas y un kilo de frituras en la terraza de su departamento, celebrando nuestros logros del año. Justamente, me estaba sintiendo culpable por todo lo que me estaba tragando, viendo alejarse de mí los centímetros de cintura que había logrado reducir esa semana arduamente en el gimnasio cuando él empezó sabiamente su discurso “Me hubiera gustado ser con quien pasaras tu vida pero tuve miedo, necesitaba una mujer más, no sé…más común, menos independiente”. Me empiné la cerveza hasta vaciarla y después de sentir el golpe del alcohol en el estómago, con los ojos entrecerrados e intentando no eructar, le contesté “Las mujeres comunes ya no existen, por eso estás solo”.

Para empezar, ¿qué es para ustedes una mujer ‘común’? Sé que nosotras lo pedimos, queríamos igualdad, ganar lo mismo, trabajar sin limitaciones, ser líderes de opinión e incluso tener la misma libertad de acostarnos con quien quisiéramos sin ser juzgadas o sobajadas. Claro, además queremos ser esposas, madres, seres supersónicos y poco a poco lo estamos logrando. Hoy en día eso es ser una mujer “común”. (Salvo las Cenicientas que no quieren una pareja, sino un papá-proveedor).

Es nuestro derecho natural y ha llevado décadas. Pero parece que eso nos ha convertido en extrañas criaturas peligrosas apodadas las Traga-machos.
¿Es por eso que cada vez le cuesta más a los hombres acercarse a nosotras?, ¿Porqué hoy en día los hombres ven como un crimen social ser exitosa, segura e independiente?, ¿Por qué encima de todo lo que elegimos ahora debemos ser nosotras las primeras en llamarte, en invitarte a salir o en el peor de los casos en buscar un encuentro sexual? ¿Qué es lo que está pasando?, ¿Hay una extraña ola mundial de timidez masculina o tienen miedo?

Ser tímido es parte de la personalidad, no necesariamente un defecto. El problema es que a veces confundimos la timidez con el miedo y es más cómodo decir “aunque no lo creas, soy tímido” a decir “me siento más inseguro que nunca, más tonto que nunca o más desnudo e imperfecto que nunca, porque me educaron para ser un garañón que llevaba de la mano a una mujer a conocer el mundo y siento que no tengo nada que enseñarte”. ¡Claro que tienes mucho que enseñarnos, nosotras queremos descubrir el mundo a tu lado pero desde nuestro lugar, desde nuestro punto de vista!

Si tuviéramos un “miedómetro”, un medidor de miedo al futuro, a no encontrar una pareja, a no ser lo suficientemente exitoso, independiente y hermoso, la primera en ponerlo en rojo sería una mujer con una carrera, buen sueldo y oportunidades de crecimiento, que enfundada en un sastre de diseñador da la imagen de un ser inalcanzable. Sin embargo, cada noche al dejar la oficina y quitarse el traje marca “no te acerques”, pone de cabeza un San Antonio porque se siente terriblemente sola y frágil.

A ustedes les tocó la peor parte ya que una mujer tímida, que no se atreve o siente miedo es vista como una hermosa criatura afelpada e indefensa pero un hombre es tachado de mariquita.

Quienes vivimos más fuertemente este fenómeno somos los pertenecientes a la generación X. Hemos vivido más que ninguna otra generación cambios drásticos de vida, tecnología y obviamente sexuales. Por falta de información, fuimos educados con un sinfín de conceptos obsoletos, sin embargo se nos exige comportarnos como seres ultramodernos y de gran amplitud mental. Nos encontramos con la necesidad de ser “expertos en el X Box” cuando crecimos “jugando a las canicas”. Esa es la raíz de todos nuestros miedos. Para un hombre que creció viendo a un padre proveedor y a una madre ama de casa es difícil de digerir tener a una mujer que lo iguala o supera en posibilidades.

En el plano sexual, ¿Cómo no sentir miedo? A casi todos nos educaron con un manual llamado “La Tenebrosa palabra Sexo” escrito por la abuelita frígida de Hernán Cortés y un monje castrado de la Santa Inquisición. Desde entonces, nos atemorizó la palabra, nos causaba un morbo delicioso pero al mismo tiempo nos hacía sentir pecadores.

Con todo y las nuevas vertientes de pensamiento, las mujeres en esencia seguimos buscando lo mismo en un hombre. Queremos comprensión, apoyo, respeto, besos deliciosos, sexo placentero…amor, punto.
Eso no se ha perdido, tal vez no necesitemos que seas Pedro Infante con su Chorreada y que nos veas como seres incapaces de sacar las uñas y luchar por lo que queremos pero después de un día lleno de estrés, números, presión, competencia, gritos, tráfico, compromisos, mentadas de madre y todo eso trepadas en unos tacones de doce centímetros queremos que llegues tú a decirnos que todo va a estar bien. ¿Por qué tener miedo, entonces?

Share Button