Los aztecas, nuestros antepasados que nos llenan de orgullo, como muchas culturas orientales, percibían el sexo como ‘una limpieza del alma’. La diosa representativa del sexo, Tlazotéotl (en nahuatl ‘devoradora de la mugre’) era simbolizada en la postura habitual azteca de mujer pariendo (lo hacían sentadas) o defecando debido a que los excrementos se relacionaban con la lujuria. Tenía una capacidad dual benévola y perversa ya que era la que permitía que surgiera en los hombres el deseo pero también era quien provocaba las enfermedades venéreas, inspiraba a las parafilias sexuales y las absolvía, era madre de la fertilidad, del parto y provocadora de la locura.

La violación y el incesto se castigaban con la muerte. Su visión cósmica y espiritual hacía del cuerpo un templo y de hacer el amor un disfrute de los dioses. Por otro lado, en el panteón azteca se encuentra también Tlacúltetl, diosa de la belleza y el amor sensual a quien se ofrecían dulces y flores para que les regalara una noche de placer y hermosura. Según Fray Bartolomé de las Casas, los mayas practicaban el ‘grave pecado de la sodomía’, eran tolerantes a las relaciones prematrimoniales y a la homosexualidad. Eso les parecía cochambroso e ideológicamente nos atrasaron un poco con la evangelización pero también hubo grandes aportaciones, así que unas por otras.

Pa que se cultiven mijos, feliz domingo.

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