Preparar el cuerpo para la lucha entre sábanas no sólo implica ataviarlo con sensuales prendas, cubrirlo de fragancias y utilizar protección. El sexo implica desgaste físico y hay que habituarlo para ello. Los dividendos que obtenemos de nuestro rendimiento sexual no sólo provienen de las ‘partes nobles’. Tan sólo en un beso erótico se utilizan 30 músculos faciales. Miles de fibras musculares se ponen en acción cuando hacemos el amor. El sistema cardiovascular trabaja tanto como si trotaras por 30 minutos. El gasto calórico promedio es de 150 a 250 calorías. Ya no hablemos en un agarrón de toda la noche. La maquinaria necesita gasolina. Quizás estés pensando en comida y vitaminas pero además requiere de dos factores supremos: aire y agua. Todo se traduce a oxígeno. La energía que te permite aplicar ‘la urracarrana’ en la cama, se obtiene de una molécula llamada ATP –que proviene de los alimentos- que al romperse forma moléculas de glucosa, fructosa y galactosa. La producción de ATP se ve mermada si no existe suficiente oxígeno. O sea, si no respiras bien. Claro, dirás ‘Ora resulta que no sé respirar’. Posiblemente. Y esa falta de oxígeno ha afectado directamente tu capacidad para llegar al orgasmo, demorarlo o favorecerlo. Entre jadeos y suspiros (que suceden de manera inconciente), notas que estás a segundos de caer en la lona. Por más que deseas no puedes llegar al clímax. O que no puedes controlar el deseo de eyacular y estás a punto de ser apodado el ‘two minutes’. Tu nariz tiene la solución. No es necesario que te conviertas en yogui o maestro del Tantra. El asunto radica en hacer conciente tu respiración. Desde que comienzas a excitarte. Eso permitirá que te enfoques y relajes. Los músculos se oxigenarán y serán más hábiles para sostener el encuentro. Una respiración larga, profunda y lenta promete hacerte durar más ya que el cuerpo comienza a obedecer el mensaje que el oxígeno le envía. Y si de intensidad orgásmica hablamos, no podemos dejar a un lado la ventilación del ‘músculo del amor’. No, no es el corazón. Es el músculo pubococcígeo, que va del ano hasta la base de  la pelvis. En las mujeres, las fibras circundan la vagina y en los hombres pasan debajo de la glándula prostática. Toda esa zona oxigenada mejora la tonicidad vaginal y el control eyaculatorio. ¿Necesitas más razones para tratar de respirar mejor? Y no olvides que eso implica bajarle al cigarrito.

El agua también amplía el panorama muscular y obvio, sexual. De acuerdo al
Dr. David Weeks, en su libro ‘Secrets of the Superyoung’, la deshidratación es uno de los factores que permiten que con la edad (desde los 30), el rendimiento humano comience a decaer. No beber suficiente agua puede volver el sexo un acto doloroso para ambos. Una mujer no logra lubricar lo suficiente porque su cuerpo está usando el líquido en funciones más vitales que permitirle comodidad a su compañero para penetrarla. El Dr. Héctor Pérez Perafán del Corporativo Hospital Satélite, comenta ‘El sexo, visto como ejercicio físico, provoca calor corporal y el cuerpo para no sobrecalentarse, aumenta el flujo sanguíneo y transpira. Si estás deshidratado, se envía la orden de disminuir el volumen sanguíneo y la tasa de transpiración, y se le exige de más al corazón. Toda la temperatura corporal aumenta y se afecta la resistencia física.’ Por otro lado, expertos de The Beverage Institute for Health & Wellness, afirman que debido a que el agua representa el 60% del peso corporal, necesitas de cada gota que hay en él. Es insustituible para que puedas regular la temperatura de tu cuerpo, transportar oxígeno, formar músculos y tejidos; así como amortiguar las articulaciones (no te vaya a dar un calambre en pleno acto porque no prometo que salgas victorioso). Otro valor crucial de la deshidratación es el impedimento para concentrarte. El erotismo requiere enfoque. El mismo deseo sexual puede disminuir al sentirte desganado y hasta mareado por la falta del vital líquido. Y no se trata de beberte una garrafa instantes previos al sexo –con lo que sólo conseguirás tener que ir al baño cada minuto- es necesario hacerte el hábito diario de beber suficientes líquidos. Deja que tu boca y tu nariz sean las vías del placer para vivir encuentros que respiran y fluyen como agua.

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