Quienes ya hayan comprado la CM Edición Especial de Sexo sabrán que ahí escribí un artículo sobre el cambio de sexo, los derechos de los transexuales, su posición en el último escalón de la comunidad LGBTTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, trangénero e intersex), el marco legal al respecto, un testimonio, etc. Me encantó hacerlo. Sin embargo, mientras lo escribía me atacó una idea que desde entonces he querido discutir con ustedes (no importa si no han leído el artículo). Es con respecto a su cambio de identidad legal.

Les cuento. Antes que nada dejemos claro una cosa a modo de diccionario. Un transexual es una persona que desea realizarse o se ha realizado una reasignación genital con el fin de adaptar su morfología a la identidad de género con la cual se reconoce. Psiquiátricamente reconocidos como personas que piensan, sienten y perciben el mundo como alguien del sexo opuesto que el que sus genitales indican. Un transgénero es una persona que vive cotidianamente un rol de género contario al que se le dio al nacer pero no desea una reasignación genital. Emplean hormonas y tratamientos estéticos y quirúrgicos no genitales para dar una apariencia adaptada a su rol elegido.

Los travestis gustan de vestir ropas y accesorios del sexo opuesto  con fines lúdicos, de exploración, sexuales o fetichistas. No desean tomar hormonas o someterse a tratamientos para lucir permanentemente como personas del género opuesto.

Y los intersex presentan de forma simultánea caracteres sexuales tanto femeninos como masculinos que les permite asumir ambos roles en diversos momentos de su vida. Generalmente en la infancia, sus padres y médicos deciden hacia qué género orientarlo quirúrgica y socialmente. Sin embargo, al llegar a adulto puede no estar conforme con la identidad que se le asignó.

Antes de que comiencen a llamarles ‘locos’ y palabras más agresivas, les informo que está prácticamente comprobado científicamente, que esas personas (la mayoría), no sufren de disforia por caprichos de sus emociones desequilibradas o un trauma infantil. A través de muchos estudios se ha descubierto que cuando todos nos formamos en el vientre de nuestra madre, primero se forma nuestro sexo cerebral. O sea, cómo nos comportaremos el resto de nuestras vidas (hombre o mujer, aquí no hay preferencias) y posteriormente en la gestación, se da el sexo genital; es decir la formación de los órganos sexuales. Bueno, pues en esas personas, ambos sexos no coincidieron. O sea, un bebé se forma en un vientre, se crea un sexo cerebral masculino y por un accidente genético se desarrolla en ese mismo cuerpo una vagina y demás determinantes. Así como se oye. Como en todo, siempre habrá quienes sí sufran de algún trastorno que los haga negar su género y querer cambiarlo (parte de eso es el debate que quiero armar aquí), pero muchos, muchos, muchos, realmente sufrieron de esa ‘malformación’. Y no tiene nada que ver con la orientación sexual. O sea, un homosexual es y quiere ser un hombre, sólo que le agradan los hombres; una lesbiana, es y quiere ser una mujer pero le gustan las mujeres. Un trans, es un hombre o una mujer pero no quiere serlo y por obviedad le gustan las personas del mismo sexo que se le asignó. Imaginen para poder entender. Es como si ustedes sintieran tal como sienten, sus gustos, su personalidad, sus metas pero al voltear hacia abajo, no tuvieran sus genitales; fueran los del sexo opuesto. Es fácil juzgar pero cuando se entienden las cosas todo cambia.

En lo personal estudié mucho al respecto, desde varias ponencias en la Conferencia Internacional del SIDA, documentos, entrevistas, estudios, etc. y terminé por tener claro el panorama. De verdad, viven una verdadera tragedia que no dependió de ellos. Si hubieran nacido con otro accidente genético, nadie los juzgaría. Al contrario, dirían, ¡qué mala suerte! Pero por desgracia, no es así. Una vez entendido esto, regreso al rato para decirles lo que quiero debatir con ustedes. ¿Vale?

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